Si alguien ha sabido capturar en en film los seductores caminos de la mente humana, esa es la fotógrafa Jo Ann Callis. Desde un cuerpo desnudo atado con una cuerda hasta una arrugada cabellera enredada con remolachas, cada uno de sus retratos surrealistas desencadena destellos de fantasía, generalmente con modelos con rostros recortados fuera del encuadre y con cuerpos adornados con objetos domésticos como cinta adhesiva, miel, cinturones de cuero y lápiz labial rojo intenso.

Aunque su trabajo puede sonar como un acercamiento bastante contemporáneo del deseo, en su mayoría fue realizado hace unos 40 años, antes de las fotografías posadas de artistas como Cindy Sherman y Gregory Crewdson. Nacida en 1940 en Ohio, Callis ha tenido una carrera artística inusual. A los 23, estaba casada y tenía dos hijos; luego se separó de su esposo. No fue sino hasta los 30 años que tomó su primera clase de fotografía en UCLA, con el legendario fotógrafo Robert Heinecken.

“Cuando tomas una fotografía, estás grabando lo que está delante de la cámara, de acuerdo con la cantidad de luz que llega a la película. Así que, naturalmente, hay realismo. Pero mis fotos también son metáforas de sentimientos, aluden a pensamientos y experiencias internas. Eran las herramientas que tenía y a lo que quería llegar: esos sentimientos de inquietud, belleza, tacto, sexualidad, sensualidad y miedo; miedo a descubrir la vida, miedo en la vida en general, miedo a encontrar nuestro lugar en él”.

En esta serie de imágenes inéditas liberadas este año en un libro restrospectivo no hay mucho que explicar: cada una de las fotografías habla por sí mismas: en una de ellas, dos manos que semejan esposas se cierran sobre los tobillos de una mujer que lleva puestos tacones altos; en otra, una línea oscura traza la columna vertebral curvada, el cuello y el cabello entreabierto de una mujer de hombros estrechos que yace boca abajo, como un diagrama en un viejo libro de texto médico. Ambas, sensuales e inquietantes, muestran la imaginación erótica en sus múltiples formas, íntimas y profundamente humanas.

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

Fotografía: Jo Ann Callis

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