Si bien es cierto que en los últimos días el mundo se siente como si estuviera en llamas, en pocos lugares se siente tan de cerca como en la nación centroamericana de Honduras, cuyos habitantes acudieron a las urnas el pasado 26 de noviembre para decidir quién sería su próximo presidente y, aún así, aún no saben oficialmente quién es ganador.

Los principales contendientes fueron Juan Orlando Hernández, el líder del Partido Nacional que se postuló para un segundo mandato constitucionalmente disputado, y Salvador Nasralla, un comentarista deportivo convertido en político que ha creado una alianza entre los partidos de oposición izquierdistas y los que luchan contra la corrupción.

Salvador Nasralla y Juan Orlando Hernández. Fotografías: EFE

Salvador Nasralla y Juan Orlando Hernández. Fotografías: EFE

Los problemas comenzaron la misma noche de las elecciones, pues ambos candidatos declararon sus respectivas victorias a pesar del silencio sin precedentes del Tribunal Supremo Electoral (TSE), que no dio a conocer un conteo preliminar de votos hasta casi 10 horas después de que se cerraran las urnas. Cuando el TSE finalmente rompió su silencio, Nasralla lideraba por un margen del 5% por ciento, con el 57% de los votos contados.

Y luego, sorpersivamente, la tecnología de conteo de votos comenzó a tener errores. Después de una pausa de ocho horas, el recuento se reanudó, y Hernández, comenzó a cerrar la brecha y eventualmente superó a Nasralla en el recuento. El TSE finalmente terminó el conteo el lunes siguiente, y los resultados mostraron que Hernández lideraba con un 42,98% por ciento de los votos en comparación con los 41,39% de Nasralla, una diferencia de tan solo 52.347 votos.

Sin embargo, las numerosas irregularidades documentadas en los centros de votación, que han impedido el anuncio de un ganador, despiertan sospechas de fraude electoral generalizado.

Golpe electoral

Protestas en Honduras. Fotografía: Edgar Garrido/Reuters

Protestas en Honduras. Fotografía: Edgar Garrido/Reuters

Desde ese entonces han salido a la luz pruebas sustanciales de irregularidades y fraude electoral, que parecieron ocurrir solo después de que Nasralla estableciera una ventaja significativa en el conteo de votos. De acuerdo con The Economist, una grabación hecha durante una reunión de testigos electorales del Partido Nacional, explicaban al menos cinco maneras diferentes de sabotear el conteo electoral y garantizar la victoria de Hernández.

En declaraciones al diario The GuardianEugenio Sosa, sociólogo y analista político hondureño, explicaba esta semana que “el fraude ya no se puede llamar fraude”, pues era un golpe electoral contra el presidente electo, Salvador Nasralla.

Como resultado, las protestas han golpeado a la empobrecida nación centroamericana: los residentes de la capital, Tegucigalpa, tomaron las calles desafiando un toque de queda y, en algunos casos, se enfrentaron con las fuerzas de seguridad. El pasado sábado, una manifestante de 19 años llamada Kimberly Dayana Fonseca, fue asesinada a tiros por las tropas hondureñas. Incluso, han habido periodistas internacionales deportados:

Por su parte, Nasralla pidió públicamente que se repitan las elecciones presidenciales bajo la supervisión de un tribunal electoral internacional, y en su cuenta de Twitter, instó a la defensa de “la victoria del pueblo”y luego publicó imágenes de sí mismo entre los manifestantes en Tegucigalpa. Por su parte, el gobierno ha acusado a la oposición de incitar a la violencia.

¿Qué pasa ahora?

Grupo especial Cobra de la policía hondureña. Fotografía: Johan Ordóñez/AFP

Grupo especial Cobra de la policía hondureña. Fotografía: Johan Ordóñez/AFP

Miembros de la fuerza de la Policía Nacional de Honduras, incluyendo dos de sus fuerzas especiales entrenadas y militares, Cobras y Tigres, anunciaron en una conferencia de prensa que estarán en las calles para proteger a los hondureños y no para reprimirlos. En sus declaraciones públicas, dijeron que se negaban a usar la fuerza excesiva contra los manifestantes pacíficos, tal como ordenaron funcionarios del gobierno.

“Esto no se trata de salarios, no se trata de dinero. Si se tratara de dinero, esto se habría resuelto ayer. A la prensa, por favor, no distorsionen lo que estamos diciendo. Lo que estamos haciendo es bajar nuestras manos y deteniendo cualquier represión contra el pueblo de Honduras”.

La policía exigió transparencia en el proceso de recuento electoral e insistió en que su decisión no es política, sino que busca respetar la soberanía y los derechos de Honduras. Con las cosas aparentemente favoreciendo a Hernández, es probable que los disturbios continúen. Para muchos, la victoria de JOH, que es aliado de los Estados Unidos, es un recuerdo del golpe del año 2009 que derrocó a Manuel Zelaya y que provocó inestabilidad política en el país con respaldo de la nación norteamericana.

La situación actual cuestiona la objetividad de los Estados Unidos y la Organización de los Estados Americanos (OEA), que hasta los momentos sólo han hecho críticas simbólicas pero, que en última instancia, parece que aprobarían estas elecciones a pesar de sus problemas evidentes. Recordemos que ambos han criticado agresivamente las elecciones venezolanas, por ejemplo, y se han negado a reconocer los resultados incluso después de recuentos y verificaciones.

Lamentablemente, es posible que las protestas y la represión pueden explotar en Honduras aún más si no se cumple con una auditoría rigurosa de los procedimientos y resultados electorales, o incluso, una nueva elección. Hasta los momentos lo que parece más tristemente transparente es el intento de robo electoral y no los resultados. Por la estabilidad de nuestros vecinos centroamericanos, esperamos que este conflicto pueda resolverse lo antes posible.

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