A principios del mes de febrero, el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile sufrió un robo casi digno de Ocean’s Eleven, pues el cuadro número 5 de la serie Trémula de la muestra Historia Violenta y Luminosa del artista chileno José Pedro Godoy fue sustraído del museo sin que nadie se diera cuenta sino un día después.

La pieza, valuada en unos $700.000, había desaparecido de la sala sur del primer piso de la pinacoteca nacional, y quien se dio cuenta fue un colaborador del artista, al ver los clavos solitarios en la pared. En los videos de seguridad se vio a un hombre de mediana edad, quien parecía estar en estado de ebriedad, acerándose a la pintura y escondiéndola en su camisa.

Días después, un hombre llamado Juan Pablo Quezada, quien se encuentra en situación de calle, le ofreció el cuadro a una mujer que le gustó en un mall de La Reina, y fue así como se pudo recuperar la pieza. En ese entonces, la policía informó que la persona había simplemente cometido el delito por satisfacción personal, y ahora, en una entrevista con el diario Las Últimas Noticias, Quezada cuenta un poco más sobre el hecho.

“La primera vez que fui (al museo), una semana antes del robo, no pensé en pelármelo. No conocía al perico que lo pintó, a quien aprovecho de pedirle disculpas y también medirle que me regale una pintura igual, porque yo quería quedármela. Nunca intenté venderla. Eso sí, no me arrepiento. La segunda vez que fui miré el cuadro y me gustó; como estaba solo en la habitación me lo robé.”

Ya que el cuadro medía sólo 15 cm x 15 cm y le cabía en la palma de la mano, se dijo “¿por qué no?” y se fue del lugar con la obra. Aunque después de su detención quedó con una prohibición de acercarse a cualquier recinto de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos del país, Juan Pablo siempre ha sentido gusto por la cultura, pues dice que después de salir del colegio leía a Sócrates, a Neruda y a Vicente Hudobro. Cuando le preguntaron cómo logró violar las medidas de seguridad del MBA, su respuesta fue categórica:

Cuáles medidas de seguridad? Si me la paso vacunando a esos tipos. No es primera vez que sustraigo una obra de arte. Qué quieres que te diga, son horribles. No hay guardias, como sí los hay en otros países. Yo entro chicha igual, ni piden identificación. Si a mí me pillaron por mi culpa, porque a mí se me cayó el casete. No porque lo estuviera vendiendo sino porque andaba sacando pecho y lo andaba mostrando, porque es un cuadro bonito.”

Quezada vive desde hace años en la calle, vendiendo revistas y diarios con aporte voluntario, con lo que se costea la adicción al alcohol que lo tiene separado de su familia. Se alimenta gracias a los voluntarios de iglesias y los patios de comida de los malls, y aunque confiesa que vivir en las calles es muy duro, dice que al menos le da tiempo de leer, pensar, ir a los cafés, centros culturales, bibliotecas y museos… a ver qué cuadro se le antoja.

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