Si hay algo de lo que estuvo rodeada en su vida la gran Chavela Vargas, fue de especulaciones. Durante los años 50, conservadores y machistas, era conocida por frecuentar bares, beber tequila y fumar tabacos todas las noches, mientras seducía entre versos y susurros a las mujeres que se encontraba en el camino.

Se dice que la lista de sus amantes fue casi infinita, y aunque no fue hasta que publicó su autobiografía a los 81 años de edad que se declaró publicamente como lesbiana, con canciones como Macorina (“ponme la mano aquí”), lo que estaba a la vista no necesitaba anteojos. Dicen que entre sus romances estuvo Dolores Olmedo, Lola Beltrán, María Félix y hasta la mismísima Elizabeth Taylor, pero ninguna relación fue igual a la que tuvo con Frida Kahlo.

Después de conocerla, Kahlo quedó tan impactada que le escribió a su amigo y poeta Carlos Pellicer una carta que marcó el inicio de una gran amistad:

Carta de Frida Kahlo a Carlos Pellicer

Carta de Frida Kahlo a Carlos Pellicer.

La carta dice así:

Carlos,

Hoy conocí a Chavela Vargas. Extraordinaria, lesbiana, es más, se me antojó eróticamente. No sé si ella sintió lo que yo. Pero creo que es una mujer lo bastante liberal que si me lo pide no dudaría un segundo en desnudarme ante ella. ¿Cuántas veces no se te antoja un acostón y ya? Ella, repito, es erótica. ¿Acaso es un regalo que el cielo me envía?

Frida K.

Durante un tiempo, antes de la muerte de Frida en el año 1954, ambas vivieron con Diego Rivera en su casa de Coyoacán. Muchos dicen que su relación fue exclusivamente platónica, otros que ambas mantenían una relación bisexual junto a Diego. Sólo ellas saben la verdad, pero lo que no puede negarse es la devoción que sentían una por la otra, tal como lo reflejan en cartas (“Vivo para Diego y para ti. Nada más”) y hasta en entrevistas.

“Frida me enseñó muchas cosas y aprendí mucho, y sin presumir de nada, agarré el cielo con las manos, con cada palabra, cada mañana.”

La impresión que dejó Frida en la vida de Chavela fue muy grande, tal como lo cuenta en esta entrevista:

Durante el tiempo que pasaron juntas, se amaron, se desearon, se necesitaron a su manera. En más de una oportunidad reveló que amaba a la mujer y no a la artista: “Frida esparcía ternura como flores, sí, como flores. Una gran ternura, una ternura infinita.”

Chavela Vargas nos dejó en el año 2012, a los 93 años de edad. En ese mismo año antes de su muerte, La Chamana recordaba su vida junto a Kahlo. Decía que se la habían presentado como la noche de los sueños, y como el premio más grande que le había dado la vida: tan hermosa, que nadie ha podido pintarla como realmente era.

Vargas contaba que le cantaba al oído mientras Frida estaba postrada en una cama, invadida por dolores, haciendo a la artista parte de sus canciones para siempre, en donde su lujuria por la vida permearon la nuestra. Una de sus frases más célebres dice así:

“¿Adiós? No, nunca se dice adiós. Se dice ‘te amo’.”

Sólo nos queda cerrar los ojos suspirando esperanza, imaginando que tuvo la oportunidad de despedirse de su amada Frida a su manera, con versos, susurros y metáforas, entre tequilas y humo de tabaco: reviviendo lo olvidado, para soñar que estaba despierta y a su lado.

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