La artista Sarah Meyohas no es lo que consideramos alguien común, pues sus trabajos utilizan redes de información, poder, valor y comunicación. Para ella, la mayoría de los espacios se ven configurados por el flujo del deseo a través de matrices del pensamiento; y allí, en ese concepto, es donde reside su obra. En el año 2015 creó la Bitchcoin, una moneda virtual para artistas con la que expresaba que el arte se movía con las mismas fluctuaciones de oferta y demanda del mercado capitalista, y en el 2016 presentó su exposición Stock Performance, en la que luego de invertir un poco de dinero en la bolsa, se encargó de pintar las fluctuaciones visuales del valor de las acciones.

En esta oportunidad, Meyohas quiso hacer algo más clásicamente artístico sin dejar por fuera su particular punto de vista. Comenzó a soñar con nubes de pétalos de rosa de manera insistente, y así fue como terminó en una extraordinaria instalación en el antiguo complejo Bell Labs, un laboratorio de investigación y desarrollo científico con sede en Nueva Jersey.

Cloud of Petals. Fotografía: Lance Brewer

Cloud of Petals. Fotografía: Lance Brewer

En el transcurso de varios días, 16 trabajadores temporales tomaron y fotografiaron los pétalos individuales  más hermosos de 10,000 rosas, creando un conjunto de big data digital con los resultados. Posteriormente, la artista trabajó con un equipo de expertos en aprendizaje automático para implementar un algoritmo y aprender de manera efectiva cómo generar pétalos de rosa nuevos y perfectos, basados en este conjunto de datos. Además, Meyohas filmó todo el proyecto en una película de 16mm, estrenada en Nowness, en donde vemos más de todo el proceso.

El resultado de este esfuerzo es Cloud of Petals, un archivo de datos con los 3,289 pétalos orgánicos “más bellos”, como una taxonomía elitista de pétalos de rosa, presionados bajo un vidrio (un ejercicio en la subjetividad de los trabajadores, conservado como una reliquia del proceso); una serie de esculturas de cabina con espejos hechas con paneles de acero modulares de Bell Labs; y una experiencia de realidad virtual en la que tanto los pétalos reales como los generados revolotean, vuelan y explotan alrededor de todos los visitantes de la exposición.

Cloud of Petals. Fotografía: Lance Brewer

Cloud of Petals. Fotografía: Lance Brewer

Y si bien suena como un ejercicio fútil de recolección de datos, para Meyohas es un poco jugar a ser Dios al reconstruir pétalos perfectos generados de pétalos de rosa que ya eran exquisitos.

“Con Cloud of Petals estoy haciendo una declaración sobre computadoras que ven imágenes reales y comparan los códigos genéticos de todos estos tipos diferentes de rosas, y cómo hemos incrustado nuestro deseo en estos colores. Luego lo grabé todo en película de 16 mm. Es como dejar registro del rastro físico de la luz en el celuloide, y del flujo de la tecnología. Pasamos de película a digital, y es como un documental, pero totalmente experimental. Además las rosas son la flor más importante para el amor y belleza, y también son súper comerciales. Se cultivan en todas partes y son un gran negocio. Entonces, esa dicotomía fue interesante para mí”.

Además del video y la nube de pétalos virtuales y reales, la exhibición está permeada por una experiencia olfativa que acompaña a lo que vemos, así que sin importar si fueron creados por un algoritmo o la naturaleza misma, los visitantes experimentan una combinación perfectamente calculada de aromas que evocan la fragancia de las rosas, para quizás hacernos dudar más de qué es real y que no.

Para Meyohas, la muestra también es es una meditación en el mundo después de la muerte de Dios y la naturaleza, pues esta última sólo tiene sentido en la medida en que pueda crear, y en una sociedad autodestructiva en la que la naturaleza le cede el paso a la industrialización devastadora, una exhibición como Cloud of Petals sirve como un monumento, un recordatorio de lo que existió una vez y que debemos reproducir artificialmente para recordar en nuestra visión distópica del mundo.

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