Hace cinco años, el mundo vio con horror cuando un edificio de ocho pisos colapsó en Bangladesh, atrapando y matando a más de 1.100 personas empleadas en las fábricas de ropa de Rana Plaza. Los rescatistas lucharon valientemente durante días para salvar vidas, pero para la mayoría, ya era demasiado tarde.

Fue una tragedia inolvidable, pero evitable. Los trabajadores de Rana Plaza se vieron obligados a ingresar a un edificio dañado el 24 de abril de 2013, aunque se habían quejado el día anterior de los ruidos provenientes de grietas obvias en la construcción, que luego se derrumbó sobre ellos.

La tragedia de Rana Plaza centró la atención del mundo en la industria de la confección de Bangladesh, que ha convertido a muchas mujeres en el sostén de sus hogares, y que ha sido un salvavidas económico para muchas personas. Pero estas ganancias a menudo tienen un costo enorme para los trabajadores: al momento de la tragedia, pocos trabajadores recibían salarios justos, condiciones de trabajo decentes, el derecho a sindicalizarse sin retribución y, claro está, tener condiciones de trabajo seguras.

Desde Rana, el gobierno y muchas de las principales marcas que provienen de Bangladesh han tomado algunas medidas para corregir estos errores. Otros se han resistido. Algunas compañías europeas y norteamericanas se han unido en organizaciones para garantizar condiciones de trabajo más seguras, y si bien es cierto que ha influido en el fortalecimiento de las medidas de seguridad, queda mucho por hacer para proteger los derechos laborales.

Como conmemoración de esta tragedia, la directora MJ Delaney en colaboración con las organizaciones éticas y sustentables para la moda Fashion Revolution y Furterra, estrenó esta semana un cortometraje llamado #WhoMadeMyClothes?, que invita al espectador a considerar la compleja cadena de eventos que conducen a la finalización de una prenda de vestir y los alienta a considerar cómo nosotros, como consumidores, podemos ayudar con los problemas de la sostenibilidad y el trabajo injusto e inseguro en lugares como Bangladesh, entre otros. Esto es lo que la directora comenta acerca del filme:

“Estamos rodeados por medios que nos dicen que necesitamos tener un guardarropa completamente nuevo con cada temporada que pasa, pero para la mayoría de nosotros no es asequible hacerlo éticamente. Cuando pensamos en nuestros hábitos de compra y cuánto cuesta seguir las últimas tendencias, debemos ser más conscientes sobre dónde estamos comprando, qué estamos comprando y quién estuvo involucrado en la producción de la prenda”.

A continuación, veamos el filme #WhoMadeMyClothes?:

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