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Erika Hilton y Erica Malunguinho, las activistas negras y trans que sacuden la política de Brasil

Erika Hilton y Erica Malunguinho. Fotografía: Patricia Monteiro
Words mor.bo

El pasado 28 de octubre, Jair Bolsonaro fue elegido como el nuevo presidente de Brasil. Mejor conocido por su carrera como congresista federal de Río de Janeiro y su paso por el Ejército, sin duda son sus polémicas declaraciones lo que lo han convertido en una peligrosa figura para la democracia de su país: durante su campaña elogió la dictadura militar que gobernó Brasil desde 1964 hasta 1985, ha expresado su cariño por los líderes autoritarios del pasado y el presente, y ya es sabida su retórica violenta contra los brasileños negros, las personas LGBTQ, las mujeres y los indígenas, y de la simpatía que generó en movimientos como el KKK.

Sin embargo, antes de su elección, la política brasileña también tuvo un importante momento semanas antes, cuando dos mujeres negras y trans fueron elegidas como representantes a la legislatura federal de São Paulo el día 7 de octubre. Podría decirse que son las herederas del legado de Marielle Franco, quien el pasado mes de marzo recibió cuatro disparos en la cabeza y fue asesinada junto con su conductor en un presunto asesinato que aún no ha arrojado ni sospechosos ni respuestas ocho meses después.

Se trata de Erika Hilton y Erica Malunguinho, quienes desde sus esquinas buscarán sacudir la política de Brasil cuando el panorama parece se uno de los más opresivos para las personas negras y queer del país, donde sencillamente estar vivos es como lanzarle un fuck you al establishment blanco de la política y la sociedad de la nación latinoamericana. La violencia contra los miembros de la comunidad LGBTQI+ en Brasil están en sus niveles históricos más elevados, y el discurso homofóbio, transfóbico y racista de Bolsonaro (quien una vez dijo que sus hijos no tenían novias negras era porque eran “hombres educados”) parece darle carta blanca a la discriminación.

Resistencia en la era Bolsonaro

Activistas LGBT protestan contra Jair Bolsonaro. Fotografía: Andre Lucas/DPA

Activistas LGBT protestan contra Jair Bolsonaro. Fotografía: Andre Lucas/DPA

Sin embargo, Hilton y Maunguinho están dispuestas a darle voz a quienes quieren ser silenciados de manera oficial. Hilton ingresó a la política simplemente por defender sus derechos: en el 2015 ganó un caso contra una compañía privada de transporte, quienes se negaban a entregarle su carnet de usuaria con su nombre “social”, ese con el que las personas trans suelen identificarse, y uno que se corresponde con el género que escogieron.

Desde entonces, hace charlas en universidades de Brasil, destacando la importancia de la representación del colectivo trans, así como sus derechos en la sociedad. Un día, el colectivo político Bancada Ativista la invitó a formar parte de su iniciativa, y para su sorpresa, ahora es representante para todo São Paulo.

El camino de Malunguinho fue un poco distinto: hace dos años, estableció un quilombo (comunidades de esclavos fugitivos del siglo 17 en Brasil) moderno en São Paulo, un espacio inclusivo llamado Aparelha Luzia que celebra el arte, la educación y la cultura y resistencia afrobrasileña. Según Erica, la política dominante en Brasil a menudo ignora la historia afrobrasileña, pese a que el país tiene la mayor población de descendientes de africanos en el hemisferio occidental, y la población afrodescendiente aún debe lidiar con un legado de racismo, colorismo y desproporcionada brutalidad policial, algo inherentemente político.

“Un cuerpo negro viviente es el mayor acto de resistencia en esta sociedad racialmente estratificada. El alza de Bolsonaro nació gracias a la ausencia de radicalismo de la izquierda, y de quienes han estado en el poder para poner nuestra raza en la fundación de nuestros principios. Esto abrió espacios para que ideas racistas, homófobas y misóginas tomaran el poder no solo a través del propio Bolsonaro, sino a través de las personas que se sienten representadas por él”.

Aunque el nuevo escenario político de Brasil las pone por defecto en posiciones de peligro y de violencia simplemente por ser quiénes son, pero tienen la responsabilidad de impulsar el cambio con sus voces en todas las instancias que puedan. Aunque pertenecen a diferentes partidos, su objetivo es el mismo: construir redes de solidaridad, de protección y de economía para que puedan hacer el trabajo necesario de ser la voz de la oposición, así como empoderar a los sectores más marginados: los negros, los pobres y las personas queer.

El trabajo no será fácil, pero de acuerdo con Hilton, encontrar espacios progresivos en medio de la incertidumbre política siempre es una buena noticia, aunque el mundo debe seguir prestando atención a lo que está sucediendo en Brasil, en especial a partir de enero del 2019, cuando ella, Malunguinho y el mismo Bolsonaro tomen posesión de sus cargos.

“Estamos viviendo en un momento en que los militares recuperarán el poder, y esta vez no será con un golpe de estado, sino con un proceso democrático. Esto les da aún más poder para hacer lo que quieran. Y ya tenemos recuerdos de cómo se ve el ejército en el poder”.

La lucha apenas comienza para estas activistas.

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