La colombiana Martha Álvarez nunca estuvo en el clóset: nunca se escondió, nunca pretendió ser otra persona para hacer sentir más cómoda a los demás. Desde que tenía 16 años de edad vivía en los Estados Unidos gracias a su familia, quienes querían que desarrollara su personalidad y su sexualidad sin tabúes, pero en un viaje de vuelta a su país, cuando tenía 34 años, terminó involucrada en un problema que la llevó a la cárcel por homicidio.

Martha Álvarez durante su estadía en prisión. Fotografía: El País

Martha Álvarez durante su estadía en prisión. Fotografía: El País

Ya como reclusa, Álvarez notó que el hecho de ser lesbiana parecía incomodar a las autoridades carcelarias de su país, quienes nunca le permitieron el derecho de visitas conyugales, o incluso besar a su pareja por “razones de seguridad, disciplina y moralidad”. Dice que le inventaban faltas disciplinarias para mandarla al calabozo, y que la mera sugerencia de contacto humano físico era negada. Incluso fue trasladada a 13 centros carcelarios distintos para que nunca pudiera tener relaciones duraderas con otras reclusas.

Martha salió de prisión en el 2003, pero ahora por fin el estado colombiano le pide perdón por haberla discriminado por su preferencia sexual. En un acto público realizado en la cárcel de mujeres El Buen Pastor por el Ministerio de Justicia, hubo una admisión por la vulneración de sus derechos como miembro de la comunidad LGBTI.

“Esto es importante para mí porque me permite sanar, pasar la página, pero también para las otras, lesbianas o no, a las que no respetan por el hecho de estar en la cárcel”.

Mientras estuvo presa, Martha acudió a la justicia para que le respetaran su derecho a la intimidad en la prisión, pero le fue negada en numerosas oportunidades. Incluso su denuncia nunca fue revisada por la Corte Constitucional. Pero al final, su petición fue apoyada por la Red Nacional de Mujeres, Colombia Diversa y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional, y en 1996 denunció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos  (CIDH) la discriminación por parte del sistema penitenciario.

En 2014, cuando la mujer ya había pagado su condena, la CIDH le dio la razón. El organismo afirmó que el Estado colombiano interfirió de forma arbitraria y abusiva en su vida privada con base en prejuicios discriminatorios. Ahora, gracias a recomendaciones del organismo internacional, Martha y organizaciones LGBTI  harán jornadas en centros carcelarios para que las reclusas y el personal penitenciario reciban capacitación sobre los derechos de las personas LGTBI+ en prisión.

Sin embargo, lo más importantes es que gracias a su caso, en diciembre de 2016 la dirección del sistema penitenciario emitió un nuevo reglamento en el que se garantiza, en las 136 reclusiones del país, la visita íntima entre parejas del mismo sexo. Durante su tiempo como detenida, Álvarez escribió el diario Mi historia la cuento yo, en el que narraba las violaciones a sus derechos en las prisiones, y que será publicado en los próximos meses.

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