La naranja mecánica cuenta la historia del nadsat Alex y sus tres drugos en un mundo de rebeldía y destrucción sin control y según él mismo Burgess -el autor- su protagonista tiene los tres principales atributos humanos: “amor a la agresión, amor al lenguaje y amor a la belleza. Pero es joven y no ha entendido aún la verdadera importancia de la libertad, la que disfruta de un modo tan violento. En cierto sentido vive en el Edén y sólo cuando cae (como en realidad le ocurre, desde una ventana) parece capaz de llegar a transformarse en un verdadero ser humano”. Esta cita la encontramos en la contratapa de la edición americana de su libro en una de sus primeros tirajes y no revela una de las arbitrariedades más absurdas de la historia de la literatura. Esta historia es contada y explicada en un prólogo del autor que comenzó a aparecer en reediciones posteriores de la novela y que revela cómo el mundo editorial puede coartar grandes obras sin consentimiento pleno de sus autores por intereses meramente comerciales.

Naranja Mecanica - Original cover

Cuando Anthony Burgess decidió entregar a su editor el manuscrito de su obra para ser publicado en 1962, lo hizo en un volumen que comprendía de tres partes a su vez divididas en siete capítulos cada una, lo que da 21 capítulos para publicación, pero en América la novela nunca ha sido publicada completa pues ese último capítulo, el 21, fue omitido arbitrariamente de la edición final. Burgess denuncia esta situación en un prólogo elaborado para ediciones posteriores donde además de aclarar la cuestión del número original de capítulos-que parecieron no ser importantes para su editor en Nueva York- en la época en la que se editó el texto originalmente. También reniega de su obra y sutilmente repudia la versión llevada al cine por Stanley Kubrick en los 70’s -que a propósito, a pesar de haber sido rodada en Inglaterra siguió la versión americana- que para muchos culmina un poco prematuramente debido a que no contempla el desenlace que conoció la mayoría del mundo, cuyas traducciones realizadas en Europa respetaron la integridad de la obra.

Anthony Burgess at home in 1968.

Burgess también comenta que pasó años justificando esta pequeña arbitrariedad a todo aquel que le preguntaba, hasta que agotado de dar explicaciones aceptó que la vida es terrible y que mientras Kubrick y su editor en Nueva York disfrutan de las mieles del éxito. Él debió justificar el truncamiento de su obra ante todos. En este prólogo donde el autor da rienda suelta a lo que a todas luces parece ser una pataleta contenida por muchos años, Burgess dedica una especie de disculpa abierta a todos los desafortunados lectores de la edición y traducciones americanas que nos perdimos el verdadero destino del drugo Alex revelándonos a grandes rasgos cuál fue el verdadero desenlace de esta historia.

No queremos arruinarte un final tan joroschó, así que si te carcome la curiosidad el elusivo capítulo 21 lo encuentras aquí

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