La carrera artística de Dora Maar es a menudo eclipsada por su papel en la obra de Pablo Picasso, tanto como su frecuente modelo y musa como su documentalista durante la realización de su obra maestra, Guernica, en 1937.

Sans Titre (Main-coquillage), (1934), por Dora Maar

Sans Titre (Main-coquillage), (1934), por Dora Maar

Antes de conocer a Picasso, Maar tenía una activa y respetada carrera como fotógrafa vanguardista y artista surrealista: era una integrante prominente de la vanguardia parisina, y entre sus amigos y amantes se encontraban Georges Bataille, Yves Tanguy, Henri Cartier-Bresson, y André Breton.

Aunque Maar había estudiado pintura originalmente, se dedicó a la fotografía después de servir de modelo por algún tiempo para las fotografías de Man Ray.

Produjo retratos, desnudos, paisajes, fotografías de moda y fotomontajes que frecuentemente presentaban fuertes elementos arquitectónicos y narrativas oníricas. Entre los círculos surrealistas, fue aplaudida por su comprensión del énfasis del movimiento en el naturalismo, pero todo quedó atrás luego de conocer a Picasso, con quien Maar estaba obsesionada.

Un encuentro fatídico

Pablo Picasso y Dora Maar

Pablo Picasso y Dora Maar. Fotografía: Man Ray

La historiadora Victoria Combalía cuenta en la biografía de la artista que incluso su manera de entender la fotografía y su popularidad entre los surrealistas le sirvieron a Dora para entrar en la vida de Picasso: llamó la atención del artista en el café parisino Les Deux Magots, en donde se puso a jugar con una navaja que habitualmente llevaba en el bolso, haciendo saltar la hoja entre los dedos. Al final, seguía con el juego pese a que la sangre le chorreaba por su mano y sobre sus delicados guantes, que hipnotizaron a Picasso, y quien terminó pidiéndoselos de regalo. Ella tenía 29 años y él 55.

Su relación con el pintor fue el final de su carrera artística, quedando poco a poco en la oscuridad hasta que los libros de historia sólo la reconocían como “la amante de Picasso”, o en mejores circunstancias como su musa. Dora fue la inspiración de la serie La Mujer Que Llora, en donde el pintor español parece reflejar su imagen llena de dolor en un espejo roto, en el que las facciones femeninas se endurecen en una elegía de caos y destrucción, y que llegó a inspirar más de 13 pinturas acerca del mismo tema.

Izquierda: Femme assise dans un fauteuil (Dora) de Pablo Picasso (1938); Derecha: Portrait de Dora Maar, de Pablo Picasso (1937)

Izquierda: Femme assise dans un fauteuil (Dora) de Pablo Picasso (1938); Derecha: Portrait de Dora Maar, de Pablo Picasso (1937)

La relación entre ambos era intensa, intelectual, apasionada. Hasta que en 1943, todo acabó cuando Picasso la sustituyó por Françoise Gilot mientras que Dora inició su caída al infierno y al olvido, entregándose a la depresión y la desesperación. Estuvo en hospitales psiquiátricos en donde recibió terapia de electroschocks, y terminó aferrada al misticismo católico en su apartamento parisino, alejada y apartada del mismo mundo del cual fue una de las consentidas.

La redención de una pionera

Sin Título (1936), por Dora Maar

Sin Título (1936), por Dora Maar

Maar murió en 1997 completamente sola, a los 89 años. Como si La Mujer Que Llora hubiese sido un oráculo. Por fortuna, luego de su muerte, los académicos del arte volvieron a investigarla, recuperando mucha de su obra fotográfica, que para 1931 la había establecido como una profesional junto al joven diseñador Pierre Kéfer, con quien abordó una serie de proyectos comerciales, infusionando las imágenes con una dosis saludable de surrealismo. Con manos emergentes de conchas de caracol, escaleras deformadas y escenarios de ensueño, Maar viajó a Barcelona y Londres para capturar la vida callejera y actuó como fotógrafa de cine en diversos platós.

Estas fueron las obras que la reintrodujeron al mundo del arte a finales de los años 90 en la Galerie 1900-2000 de París, en un lugar que había olvidado en gran medida a la artista, que se había perdido tras la sobra de Picasso. Desde su muerte, el trabajo de Maar se ha vuelto cada vez más conocido: de hecho este año la editorial Rizzoli lanzará un tono retrospectivo de su obra, y además será la protagonista de una gran exhibición en el Centro Pompidou, demostrando que fue y seguirá siendo mucho más que sus lágrimas.

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