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Music

Diana No denuncia abusos sexuales en el punk chileno: “Quieren pasar piola con su vida nefasta de hombres progre en lo público”

Ellas No. Fotografía: Instagram
Words mor.bo

Durante los últimos meses hemos visto cómo han ido en aumento las denuncias por abusos sexuales en el medio del entretenimiento: luego del destape del caso Weinstein, parece imposible no darse cuenta de cómo las estructuras de poder han venido favoreciendo a los abusadores, dejando a las víctimas en silencio, pero ya sabemos que eso de quedarse callado ya no sirve. Desde Ethan Kath de Crystal castles hasta Tea Time de Los Tetas, hemos conocido los detalles acerca de lo que muchos músicos ocultan detrás de la fachada que le dan a su público.

Ellas No. Fotografía: Instagram

Ellas No. Fotografía: Instagram

Uno de los casos más recientes es el Diana No, co-fundadora y baterista de la agrupación chilena punk Ellas No, quienes desde el 2010 se encargan de luchar con música y actitud contra el machismo y patriarcado, y por una muy buena razón: Diana lo vivió de primera mano mientras formó parte del dúo punk Por mi culpa, considerado uno de los mejores de la escena under chilena, y que duró 10 años hasta que la relación con su compañero, Roy, se volvió imposible debido a los abusos sexuales de este.

En una entrevista con Observatorio Género y Equidad, Diana relata que ella y Roy se conocían desde los 11 años de edad, y que incluso fueron pareja desde los 15 hasta los 19. Sin embargo, continuaron una amistad que les permitió seguir juntos en la banda, pero luego de que las parejas de Diana fuesen solamente mujeres, Roy pareció frustrarse, pues no las aceptaba y lo llevó a “una serie de cuestionamientos” que desencadenaron abusos sexuales contra diana durante una década:

“Yo tengo un carácter fuerte, mido 1.80, no tengo características para ser abusable, sin embargo, existen otros lenguajes y tramados invisibles. Él siempre intentó seguir teniendo sexo conmigo, lloraba cuando no lo dejaba acercarse y cada vez que estaba borracho se aprovechaba de su condición. Me tomaba de la cintura como si fuera su polola cuando estábamos en público y en privado todo era peor. Para mí era más simple correrlo que preguntarme por qué me agarraba así. Son límites a los que una va cediendo sin notarlo”.

Cuenta que, pese a identificarse como lesbiana, Roy siempre buscaba tener sexo con ella, y a veces cedía porque era un amigo cercano y alguein a quien apreciaba. No fue sino hasta cuando se encargó de musicalizar la obra de teatro Otras que se dio cuenta de lo que había estado viviendo: una relación de abuso y control.

“Ahí noté que tenía a un violador cerca. Estaba en un estado de negación hasta que me vi retratada en una escena de la obra. Hay formas en cómo se presentan los abusos en los oprimidos que no siempre corresponden a violencia. Fue fuerte darme cuenta de mi situación en algo externo y sentirme pillada retratándome a mí misma y cuando ya sabes, no puedes pasarlo por alto”.

Cuando se decidió a enfrentarlo y a contarle a sus amigos cercanos de la escena punk lo que le había pasado, muchos le reclamaron que “por qué quería arruinarle la vida” a Roy con esos comentarios, y ni siquiera le preguntaban a ella si estaba bien, o cómo había sido su vida con el yugo de una ex pareja abusa dora.

“Estos hueones tienen una doble vida, en una especie de esquizofrenia, porque ni siquiera se dan cuenta de su disfraz, en sus conciencias no están siendo malos siquiera.  Hay una construcción de una mujer que está silenciada, casi que adecuada para el abuso. No me da vergüenza asumir que esto pasó durante mucho tiempo y que no dije nada, lo importante es que ahora lo digo. A todos les incomoda que estas cosas se hablen, porque creo que todos esconden abuso sexual en sus cuerpos”.

Poniéndole rostro al abuso

Según cuenta OGE, la músico está trabajando en un proyecto personal: un cuadernillo con relatos de abuso sexual, una idea que surgió cuando, circunstancialmente, se enteró de que una amiga fue abusada por un músico reconocido como el “más progre y resuelto de la escena hardcore punk”. Cuando comenzó a contar su historia, se enteró de casos similares al suyo en su círculo de amigos. “¿Qué es más fascista que no homogenizar las luchas? No existe empatía con los compañeras”. Dice que ha recibido amenazas, presiones y la exclusión de espacios colectivos para que no siga recopilando relatos de sus compañeras, pero eso no la amedrenta en lo más mínimo.

“Con este cuadernillo me interesa ponerle cara al abuso, relatado por alguien que se siente en desmedro. Ellos tienen 30 o 40 años y no se van a morir, van a seguir en sus tronos acumulando coronitas y medallas. Entiendo que la funa es un espacio muy importante cuando se logra comunicar bien y romper la lógica del cagüinillo. El problema no es que nosotras hablemos, es que esto pasa y si ese paradigma no cambia, esto no se va a detener. Lo privado es político y cuando eso se asume, se deja de amparar al abuso”.

Diana cierra su relato diciendo que ya no le tiene miedo a nadie, mucho menos a los cobardes que se disfrazan de progresistas para tener público y después comportarse como bestias. “Quieren pasar piola con su vida nefasta de hombres progre en lo público y machos dominadores en espacios privados”Para ella, va a ser un placer publicar el cuadernillo y cagarles la fiesta de una vez por todas.

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