SACO6

Este lema es algo que oímos reiteradamente a lo largo de la kilométrica marcha del orgullo homosexual que en la ciudad de Santiago tuvo lugar en la Alameda, principal arteria de la capital, el pasado sábado 25 de junio.

Quise partir con este lema, porque refleja un aire que se respira — en estos días de gran contaminación atmosférica — de un agotamiento general de los asiduos concurrentes a caminar por esta calle luchando por los derechos que en distintos sectores de la sociedad se pasan a llevar. Durante el año transitan de manera constante marchas a propósito de la crisis educacional y política que estamos viviendo, y la represión policial con su dudosa organización y los inoportunos infiltrados que se hacen pasar por manifestantes es lo que finalmente termina estropeando un sueño que se transforma en violencia, lágrimas y destrozos.

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

¿Pero qué pasa cuando se reemplazan las capuchas por pelucas de colores, las ropas intervenidas con mensajes de rabia por disfraces de oso y las figuras inflamables por una gran bandera de arcoiris con un espectro de colores que aviva el panorama gris del casco histórico de esta ciudad?

La marcha del orgullo gay vuelve a demostrar la etimología occitana de este vocablo (gai = alegre) que se extrapola a un sentimiento de tranquilidad en el ambiente general y respeto recíproco de parte de los represores de otras marchas y los manifestantes, a pesar de que se mantiene vivo el luto mundial por el atentado “terrorista” de Orlando donde murió medio centenar de personas inocentes víctimas del odio. Los 80.000 manifestantes recorrimos la Alameda al ritmo de gritos, de música pop en escenarios móviles animados por transformistas de pícaro humor, donde partidos políticos de distintas alas se hacían presentes con sus lienzos con tipografías coloridas y varias otras agrupaciones que año tras año encuentran acá la oportunidad para mostrar que existen, hicieron patente su presencia también.

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

En una época donde las sociedades avanzan más rápido que sus gobiernos, la “Marcha por el orgullo de ser tú mismo” (el nombre con que fue bautizada este año), se desplazó de manera ejemplar para entregar este mensaje que invita a erradicar la discriminación, y demandar el paso siguiente a lo que se ha logrado: ley de identidad de género, matrimonio homosexual y adopción homoparental. Todo esto en su frente principal encabezado por la ya legendaria agrupación MOVILH y tras ellos la fundación IGUALES, las dos grandes cofradías que han dirigido el movimiento LGBT en Chile, siendo la aparición de esta última la que ha logrado en pocos años, moviendo sus enmarañadas redes de contactos y con una elegante presencia, lo que al movimiento tradicional le ha sido muy difícil.

Sin embargo, lo interesante de este fenómeno, es que además de esta incipiente polarización que se puede sentir incluso en recalcitrantes discursos sin anestesia por parte de voceros en el escenario principal del Paseo Bulnes, existen submovimientos que arman su propia manifestación, donde destaco principalmente “La otra Marcha: con tanta violencia no podemos celebrar, hoy toca luchar”. En una convocatoria paralela, esta otra marcha busca atacar el problema de fondo de la situación de esta minoría en cuestión, alejado de las soluciones políticas como la aprobación de las leyes que exigen los clásicos, y aludiendo a la no celebración porque esto no se puede hacer con el tremendo luto que significa la masacre de Orlando.

La lucha debe ser por una educación que no sea sexista ni heteronormada, una ley de identidad de género clara que permita la libre expresión de cada individuo, y una reforma aguda a la ley de antidiscriminación que aún no puede establecer seguridad para personas víctimas de ataques homofóbicos. Todo esto en un claro desacuerdo con las principales asociaciones mencionadas anteriormente, a quienes acusan de machistas y de sólo perseguir derechos civiles y libertades neoliberales que no terminarán con el problema de raíz de la discriminación.

Fotografía por Dano Mozó

Fotografía por Dano Mozó

Es una marcha tripolar, donde se comparten ideales, pero se dividen las luchas, dentro de un contexto urbano que fue amable, incluso por los posibles represores que algunos sugieren cambiar por travestis. Todos veíamos felicidad en los colores del arcoiris, todos nos reíamos porque las transformistas molestaban a los asistentes de tener resaca de la noche anterior, a todos se nos estrujó el corazón cuando pasamos por el parque donde asesinaron a Daniel Zamudio, todos sentimos orgullo cuando vimos la bandera emblema colgada en la Universidad de Chile en señal de apoyo institucional y todos nos deleitábamos con las estrambóticas producciones de las drag queens que se han convertido en un fetiche mundial de cada junio.

Los mirones de siempre observaron con respeto una marcha pacífica y colorida cuyo despliegue busca finalmente la aceptación de nosotros mismos, entonando este fuerte lema de “Menos Pacos y Más Travestis”, que antes de ser una ofensa, esa una metáfora figurativa que promueve la diversidad por sobre la represión en un día de sensible conmoción.

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

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Fotografía: Dano Mozó

Fotografía: Dano Mozó

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