La ciudad de Bombay prueba que la India es más que la imagen occidental y exótica que muchos tienen de la nación asiática: con unos 22 millones de habitantes, es la capital del entretenimiento de la nación, el hogar de Bollywood, la metrópolis en donde músicos, productores, actores, bailarines, cineastas y talentos de todo el país se unen para buscar un sueño entre lujos y rascacielos, mientras casi la mitad de la población busca la mejor manera de sobrevivir en los slums, los barrios de clase baja que le sirven como cinturón a la ciudad.

En esos barrios es justamente en donde el arte urbano se une a la tradición y a más de 200 lenguas vernáculas, en donde el personaje principal de la película Slumdug Millionaire de Danny Boyle buscaba ganar un programa de concursos, y en donde el hip-hop ha comenzado a arraigarse como una cultura propia en donde los saris y las coreografías tradicionales se cambian por gorras de béisbol volteadas, por jeans caídos y por los b-boys que hacen piruetas en el medio de la calle.

Dharavi, uno de los slums más conocidos y poblados de la ciudad (tiene más de 1 millón de personas en dos kilómetros cuadrados), es la cuna de colectivos culturales que han logrado establecerse como fuerzas de cambio y prevenir que la pobreza se transforme en delincuencia o miseria sin salida. Usando recursos como el breakdanceel graffiti, el rap y los DJs, proyectos como Qyuki y Mumbai’s Finest le enseñan cultura urbana a las nuevas generaciones a través del Dharavi Project.

Si bien en los años 90 el género del hip hop en la India era una copia de los temas y los estilos occidentales, hoy en día es una fuerza con marca propia: las agrupaciones salidas de Dharavi ya no cantan sobre bitches y dinero, sino acerca de los problemas que viven de cerca en el barrio y en el país, utilizando ritmos e instrumentos tradicionales para ponerle su propio sello a la música que hacen, con swades, una expresión que refleja hacer las cosas con orgullo de su cultura y sus orígenes. Ya existen en el lugar concursos de b-boy (bailarines de breakdance) auspiciados por marcas internacionales, y sus raperos incluso han sido firmados por sellos disqueros globales, tales como Naved Shaikh (Naezy)Mumbai’s Finest y Divine.

“El hip hop nació en guetos como Dharavi. Pero es un arte inclusivo que no crea divisiones”, cuenta el rapero Tony Sebastian (Stony Psyko), líder de Dopeadelicz, la banda más longeva y conocida de la barriada. “De ahí su éxito en Bombay, una ciudad hecha de diferentes lenguas y religiones”. En los slums las divisiones quedan atrás cuando tienen a alguien que los represente con orgullo, y que lleve al mainstream con toda su carga multiétnica y multicultural, que demuestra que cuando el arte callejero explota su naturaleza rebelde para reivindicar cambios sociales, cosas buenas suceden.

Despues de leer, ¿qué te pareció?