A finales del año pasado, el Instituto Provolo de Mendoza, Argentina, estuvo en las primeras páginas de los diarios de ese país luego de la detención de dos sacerdotes: Nicolás Corradi de 82 años de edad y Horacio Corbacho de 56, quienes fueron imputados por “abuso sexual agravado con acceso carnal y sexo oral” contra al menos 20 niños sordos entre 10 y 12 años, quienes eran forzados, violados y golpeados delante de otros curas.

Y hace algunas horas, fue capturada su cómplice, una monja japonesa nacionalizada argentina de nombre Kosaka Kumiko, acusada de ayudar a estos sacerdotes a abusar sexualmente de los niños durante casi una década, revelándole al juez de la causa que era inocente y no sabía de los abusos.

Según The Independent, Kumiko tiene 42 años de edad y vivió en la escuela entre el 2004 y el 2012, y tenía al menos un mes huyendo de las autoridades, quienes se enteraron de su complicidad gracias al testimonio de una alumna, quien declaró que la religiosa la había forzado a llevar un pañal para el sangrado ocasionado después de las recurrentes violaciones del cura Horacio Corbacho.

Además, de acuerdo con el abogado Sergio Salinas de la ONG Xumek, a cargo del caso, la monja también tocaba a las niñas y les pedía que se tocaran entre ellas, mientras que veía pornografía junto al celador Jorge Bodón (también detenido a finales del 2016) en el televisor del instituto.

Sin embargo, como cuenta El País, la labor de Kumiko era cruel e inhumana: debía escoger a los alumnos “más vulnerables y sumisos”, los cuales elegía después de golpearlos durante un tiempo de manera sistemática. Los que se resistían, se quejaban y se rebelaban no eran escogidos, pero los que aguantaban la violencia eran entregados a los curas.

Hasta los momentos, Kumiko se encuentra detenida, pero podría unirse al resto de los acusados, quienes se enfrentan a una pena entre 10 y 50 años en prisión. Y como es costumbre, también hay una comisión de investigadores del Vaticano en Mendoza para conocer más del caso, aunque ya deberían estar familiarizados: ellos mismos enviaron al padre Nicolás Corradi a Argentina luego de haber sido acusado de mismo crimen en los años 60.

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