Exploración espacial. Avances tecnológicos increíbles. Contacto extraterrestre. Conflictos en galaxias desconocidas. Robots. Autos voladores. Androides que son tan reales, que no saben que son androides. Sables de luz. Viajes en el tiempo. Futuros alternativos. HAL 9000. Futuros cercanos. Distopias incómodas.

Estas son algunas de las temáticas de uno de los géneros narrativos más interesantes de la literatura, el cine y la televisión: la ciencia-ficción, que para muchos es sinónima con autores como Julio Verne y sus viajes fantásticos; Isaac Asimov y sus leyes de la robótica; Aldous Huxley y su mundo feliz; Ray Bradbury y sus crónicas marcianas; Jorge Luis Borges y sus senderos de física cuántica.

Aunque es universalmente aceptado que Johannes Kepler escribió el primer relato sobre un recorrido hacia la luna, muchos parecen olvidar que 200 años después, en 1818, Mary Shelley escribiría sobre un terrible y maravilloso monstruo nacido de la unión de cuerpos descuartizados, electricidad y la voluntad de Víctor Frankenstein, quien jamás estuvo preparado para hacerse responsable del milagro que había creado.

Luego de más de medio siglo de cultura pop en el que la ciencia ficción ha existido bajo una visión de masculinidad tóxica con fantasías de poder como Independence Day; fantasías sexuales como Barbarella, y una interminable serie de películas vacías (en serio, ¿alguien ha visto Transformers?) en donde la acción, las tetas y las grandes armas de fuego y las explosiones resultaban ser más importantes que los guiones, en los últimos años una serie de realizadores en el cine y la televisión ha descubierto una nueva manera de contar historias. Sin ellos, no habríamos tenido un Alex Garland dirigiendo una deliciosa y satírica cinta como Ex Machina.

Ex Machina (2015)

Ex Machina (2015)

Por fin, la humanidad vuelve a ser la protagonista en la ciencia-ficción, y la mirada femenina es parte importante de este revival: al fin y al cabo, por ahí dicen que el futuro es femenino, ¿no? Luego del gran auge de series literarias como The Hunger Games y Divergent protagonizada por jóvenes mujeres, entramos a una era dorada de la ciencia-ficción progresiva. Prueba de ello es la producción de Netflix Sense8, que no sólo nos ofrece secuencias de acción intensas, una mitología intrincada, una impresionante cinematografía y temas relevantes, sin hablar de un elenco increíblemente diverso. Los personajes de la serie son de siete países diferentes repartidos en cuatro continentes que hablan seis idiomas distintos.

Y si eso no fuera suficiente, las productoras son Lana y Lilly Wachowski, dos mujeres trans que lograron una proporción masculina y femenina de protagonistas, que además incluye a homosexuales, lesbianas y personas trans. Abarca un amplio espectro de género y sexualidad, pero quizás lo más importante es que logra unir a este grupo de personas a través de sus emociones: más que sobre sexo y sus escenas de orgías, es sobre interconectividad, empatía e intimidad.

The OA es otra producción de Netflix que logra darle una sensibilidad femenina a la ciencia ficción narrando la historia de una chica ciega que desaparece por siete años para reaparecer llena de extrañas cicatrices en su espalda, con su visión totalmente restaurada y con la convicción de ser un ángel que puede viajar de dimensión a dimensión, con cinco movimientos que pueden rescatar a quienes como ella, estuvieron atrapados en otro plano.

Distopias que predicen el futuro

El caso de Black Mirror, la serie antológica británica que de ser un pequeño show de culto en Channel 4 se convirtió en un fenómeno a formar parte de la programación global de Netflix, es particularmente especial. Podríamos decir que su sello de fábrica es crear historias que se sienten perturbadoras y cercanas; tanto, que hasta se han hecho realidad. Su primer episodio, The National Anthem, hablaba de la posibilidad de que el Primer Ministro británico tuviese que tener sexo con un cerdo en cadena nacional para poner en libertad a un miembro de la familia real secuestrado por un grupo extremista, y aunque no sucedió igual, una biografía no autorizada de David Cameron relató lo que parecía imposible: #PigGate.

Todo esto sin hablar de las verdaderas abejas drones, de las extorsiones sexuales por Internet, y la posibilidad de que pronto comencemos a clasificar a todos a nuestro alrededor sobre una base de cinco estrellas. Al menos nos queda la esperanza de vivir por siempre en los años 80 cantando los temas de Belinda Carlisle junto a nuestra pareja en San Junipero.

The Handmaid's Tale

Fotografía: Hulu

Un ejemplo más oscuro, sin embargo, es el de la recién estrenada serie de Hulu, The Hamdmaid’s Tale, inspirada en la novela de 1985 de Margaret Atwood del mismo nombre, y que no podía sentirse más fresca o más oportuna: trata sobre una realidad futura en la que los derechos reproductivos de las mujeres son inexistentes, gracias a un gobierno teocrático que demoniza la imaginación, y los villanos son una pantomima del pánico anti-islamista tan popular en estos días. Con The Handmaiden’s Tale, la ciencia-ficción feminista logró ser una profecía, ya que Atwood logró mirar más allá de su momento histórico particular, analizando sus causas raíz y sugiriendo que la historia, lamentablemente, tiende a repetirse.

Probablemente haya muchos fans en común entre la serie de Hulu y Orphan Black, un thriller intenso e innovador sobre un grupo de clones femeninas (o sestras) que, a pesar de ser tremendamente diferentes, se unen para recuperar el control de sus vidas. Dentro de poco comienza su quinta y última temporada, pero si aún no estás familiarizado con ella, todavía estás a tiempo de ver cuatro temporadas de formidables actuaciones de Tatiana Maslany interpretando a 10 mujeres distintas, y un hombre trans.

Representación y diversidad

Por supuesto, ningún cambio ha llegado sin enfrentar un poco de resistencia. Muchas personas se quejan de que el género está “poniéndose queer” a propósito debido a una “agenda gay” de Hollywood (sí, estas son cosas reales que mucha gente dice), o simplemente por querer cumplir una cuota políticamente correcta, pero la verdad es que muchos estamos cansados de ver a los mismos actores caucásicos y heterosexuales protagonizando las mismas historias una y otra vez.

El mejor ejemplo de ello es la nueva versión de Ghost in the Shell protagonizada por Scarlett Johansson, cuya protagonización en una historia eminentemente japonesa fue profundamente criticada por los fans de la original. ¿El resultado? Un fracaso absoluto en la taquilla: no hubo marketing que la salvara.

Rogue One (2016)

Rogue One (2016)

Mientras muchos estudios siguen confiando en “actores que vendan” para garantizar el éxito de sus películas, LucasFilm y Disney se han comprometido con elencos bastante diversos como en Rogue One y Episode VII: The Force Awakens, dándole prioridad a la protagonistas femeninas y a actores de orígenes diferentes. ¿Cuándo íbamos a imaginarnos ver al mismísimo Diego Luna como un líder de la resistencia hablando con acento mexicano? Incidentalmente, ¿cuántos nos imaginábamos que una cinta como Get Out iba a utilizar las dinámicas raciales y el horror para explicar cómo el American Dream se había convertido en una utopía perversa y racista? En estos días, la sátira social parece una historia increíble de The Twilight Zone.

Y les tenemos una noticia a quienes voltean los ojos frente a la diversidad: la ciencia-ficción siempre ha sido un género intrínsecamente variado y queer, puesto que es el escenario perfecto para mundos en donde las construcciones sociales impuestas sobre género y de la sexualidad no existan. Además, en historias en donde ver la más increíble variedad de alienígenas es común, nadie puede quejarse de más personajes latinos, asiáticos o negros.

Mientras la mayoría de los blockbusters de verano se enfocan en efectos visuales, escenas de acción y maneras diferentes de destruir el mundo para que un superhéroe pueda salvarlo, en la televisión, el binge-watch está abriendo un espacio para que las historias modernas de ciencia-ficción progresiva puedan desarrollarse con tramas profundas y personajes con los que nos identificamos, pues se parecen a nosotros.

Sin importar cómo te identifiques en el espectro del género o la sexualidad, el sci-fi progresista está aquí para quedarse. Es una manera de escapar de la distopia real a la que nos acercamos cada vez más todos los días, o quizás una forma diferente de enfrentarnos a los retos que enfrentamos como sociedad. En la escena de apertura de su cinta 2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick nos recordaba que pese al paso de los siglos y los avances tecnológicos, el conflicto siempre era una constante del homo sapiens, y quizás acercándonos a una ciencia-ficción más humana, podamos redescubrir nuestra esperanza por una utopía aún en nuestros momentos más oscuros.

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