Cuando hablamos de viajar y hacer turismo, sin duda la mayoría de la gente piensa en montañas nevadas, playas, caminatas por metrópolis o selfies de atardeceres europeos. Irse de paseo a una instalación plagada de radiación en japón o hacer un simulacro de un mexicano o centroamericano intentando cruzar ilegalmente la frontera de Estados Unidos realmente está muy al fondo en la lista típica de cosas por hacer a los fanáticos de los viajes.

Pero en los últimos años, se ha popularizado un fenómeno peculiar llamado “turismo oscuro”, en donde los viajeros se alejan de las atracciones turísticas habituales y en su lugar optan por lugares más morbosos: aquellos relacionados con la muerte, las masacres, el narcotráfico y cualquier otro que les dé ese hit macabro de adrenalina. Y la nueva serie documental de Netflix, Dark Tourist, se encarga justamente de explorar ese nicho turístico.

El líder del viaje es el periodista de Nueva Zelanda, David Farrier, que a primera vista no parece ser el tipo de persona apasionada por el asunto, pero luego de algunos episodios, te das cuenta de que al parecer algunas personas que viven felices y tranquila necesitan sentirse vivas transformándose en junkies del peligro.

Dark Tourist. Imagen: Netflix

Dark Tourist. Imagen: Netflix

En el primer episodio, Farrier visita Latinoamérica, específicamente Colombia y México. Primero se va a Medellín, el hogar del capo de la droga Pablo Escobar, y en donde hace una especie de visita guiada en la que su taxista es el doble del narco, pero las cosas van poniéndose más intensas con el tour que realiza para conocer a Popeye, el sicario de Pablo Escobar, quien mató a unas 250 personas en su vida (incluyendo a su propia novia) y que luego de salir de prisión ahora se reinventó como atracción para gringos: simula matar turistas como si aún recordara sus días de sicario con cariño, se toma infinidad de selfies, y el mismo Farrier confiesa que le parece demasiado carismático para ser asesino.

En México, conoce el culto a la Santa Muerte, y además se hace pasar por un inmigrante ilegal que cruza la frontera de los Estados Unidos, con disparos, algunos ladrones y narcotraficantes en el camino para hacer la experiencia “más real” por unos 50 dólares. En otros episiodios, Farrier se va a la planta nuclear de Fukushima en Japón, un lugar muy visitados por quienes quieren experimentar la radiación de cerca; visita el bosque de Jukai cerca del Monte Fuji y conocido por ser “el bosque de los suicidios”; hace un tour en Estados Unidos con con groupies del asesino en serie Jeffrey Dahmer; limpia un cadáver momificado en Indonesia y hasta presencia un exorcismo.

Dark Tourist. Imagen: Netflix

Dark Tourist. Imagen: Netflix

Pese a que la serie plantea la posibilidad de explorar a más profundidad otras culturas y sus puntos de vista, todo termina siendo bastante superficial y sórdido. En donde la empatía y un verdadero periodismo de investigación podría haber tenido cabida, lo más importante parece ser el sensacionalismo, y hacer de las culturas extranjeras en un chiste a base de humor y comentarios en off.

Uno de los temas que más se repiten en la serie es que siempre y cuando tengas dinero, todo es posible. Además, desde la comodidad del sofá siempre será más cómodo meterse en la piel del arriesgado. Pero a pesar de los dilemas éticos, tanto el turismo oscuro, como la serie Dark Tourist tienen su propio nicho. Todo en el nombre del entretenimiento.

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