Esta semana se inaugura la sexta versión de la Semana de Arte Contemporáneo, SACO, en la ciudad de Antofagasta, constituyendo la actividad artística más importante de los alrededores del desierto más seco del mundo. Esta edición tiene por tema Amor: Decadencia y Resistencia, donde fueron seleccionados siete artistas representando a distintos países de Latinoamérica para discutir, mediante la producción de una obra artística en el Muelle Melbourne-Clark, acerca de las temáticas que SACO plantea.

Dagmara Wyskiel es artista visual, y también directora y principal gestora de este proyecto, quien dejó atrás su natal Polonia para establecerse hace 16 años en el Norte Grande de Chile y consolidar esta nueva plataforma en un lugar donde existe un vacío artístico debido a la ausencia de escuelas y lugares expositivos, pero que sin embargo, tiene un potencial humano solidario e inquieto.

Conversamos con ella acerca de este proyecto, su origen y alcance, y sus apreciaciones acerca del panorama general de la gestión del arte hoy en día.

Desierto de Atacama. Fotografía por Dano Mozó

¿Qué te hizo establecerte en el desierto?

Sentí que había un territorio por conquistar, casi virgen en arte contemporáneo. Si bien es cierto es un territorio inhóspito, incómodo, poco preparado y con múltiples falencias, es gigante y con cierto encanto, una singularidad de paisaje a nivel mundial, donde hay un vacío que me asusta y me atrae, a causa de su escala y proporciones, un tema que trabajo frecuentemente como artista.

¿Cuál es la oportunidad que encontraste en el desierto para hacer arte y por qué lo aplicas luego en la ciudad?

La gran oportunidad es primero la experiencia del desierto, a la vez que es un contexto visual y simbólico  de los más atractivos que existen. El desierto es un white cube outdoor, que funciona muy parecido a los grandes hielos de la Antártida. Creo que no existe, en ese sentido tan simbólico y atractivo, un lugar en el que instales cualquier artefacto y empieza a gritar. En el campo o el bosque, el objeto se pierde. Solamente pasa en absoluta sequedad o absoluta humedad continua, en paisajes monótonos que tienen distintas formas y luces, pero donde no hay diversidad de materiales. Justamente el hielo o la roca provocan estos lugares tan increíbles.

Y en la urbe porque ahí está todo lo que se necesita como infraestructura, como lugar de operación, porque hay público. Aquí habían proyectos de ese tipo, en algún momento se hizo la Bienal del Desierto, donde un artista muy reconocido de Santiago invitó a otros artistas a que fueran a Humberstone y nadie se enteró, ni en Iquique ni en Antofagasta. Creo que no puedes tratar al desierto como el patio trasero donde no hay gente, ni cultura. Hay que vincularse, sobre todo en el Norte Grande de Chile que está absolutamente privado de Escuelas de Arte, de Centros de Documentación. Hay que responder frente a esa demanda, y justamente en la ciudad es donde vas formando, haciendo mediación, donde llegas a los colegios y al público y logras resonancia.

“Sería tremendamente egoísta ocupar el desierto como locación, y hay artistas y curadores que sí lo hacen. Es decir, buscan un lugar, llega James Bond, y ojalá que nadie se entere para que no los moleste”.

Antofagasta es una ciudad muy dinámica, desordenada y que se siente muy incómoda consigo misma. Tiene 1500 rollos con su identidad porque no es oficina salitrera, no es solo industria, a la vez es mall pero no solo eso, ahora tiene nuevos inmigrantes, pero antes estaban los croatas. Estas ciudades que no tienen clara identidad son mucho más interesantes, porque no son evidentes y te dejan un maravilloso espacio para cuestionar e investigar. Tienes esta urbe tan pretenciosa que se cree la Dubai de Latinoamérica, y por otro lado el desierto donde puedes vivir la experiencia trascendental.

“Pero no exoticemos el desierto. Hay cosas que fácilmente se estigmatizan. Hoy si quieres trabajar en Temuco, tienes que trabajar con temas mapuches, en otras partes tienes que trabajar con las empresas de madera, así como con aymaras y atacameños en el norte. Eso es útil para ganarse fondos, pero se banaliza el tema y se pierde la sensibilidad.”

Cuando uno piensa en el desierto como ausencia total de vida, uno piensa inmediatamente en sobrevivencia. Cómo se vincula esto con el tema “Amor. Decadencia y Resistencia”, ¿qué esperas de las obras respecto a esto?

Primero el Amor, que tiene que ver con la espera, con las ganas de encontrar al otro. Es volver a alegrarse simplemente porque estás feliz de ver a otro ser humano en un lugar deshabitado. Es lo opuesto que me pasa cuando llego a Santiago. Creo que ese estado para nuestra vida emocional es sano, pero el otro es patológico, de situación de rata. Sabes que hay un número exacto de ratas por metro cuadrado y cuando se sobrepasa se empiezan a eliminar entre ellas.

En Antofagasta pasa lo opuesto a Santiago, donde sientes que el medio mismo se pega codazos, se pela, se anula, se elimina, se destruye y descalifica mutuamente como la situación de diez ratones por metro cuadrado. Entonces, qué agradable, que con todas las falencias de que no tenemos escuelas, que los artistas mayormente no son formados, que es una escena que no ha tenido la oportunidad de conversar con Nelly Richard, por ejemplo, funcione a nivel de tribu, de manera muy sana y solidaria.

Las propuestas que llegaron se enfocan en paradigmas contemporáneos que suelen plantearse en grandes exposiciones o bienales. Cuál crees que es el rol de Antofagasta y la potencia que tiene para insertarse en este circuito global.

Primero olvidarse del afán de descentralizar y trabajar con convicción de que el proyecto está super coherente con los tiempos en los que vivimos. Las exposiciones y grandes temas curatoriales han tenido que responder a las contingencias generadas por los profundos cambios que ha vivido el mundo, y lo que propuse en SACO 6 es una vuelta a uno de esos temas. Muchos dicen que ya está desgastado, pero cada gran talento, desde la literatura, el cine, el teatro o las artes visuales nos demuestra que el problema no es el tema, sino que la manera de responder frente a ese tema. Por eso seguimos descubriendo poemas y películas de amor.

Montaje SACO 6. Fotografía de SACO

Pero la burocracia y conseguir fondos depende de un sistema central, y ese es el vínculo con Santiago donde está todo centralizado. 

Creo que a mí me aporta el ser de Cracovia, una ciudad que fue 500 años capital y hace 200 que no lo es, y haber vivido en un país que tiene por lo menos 6 ciudades en las cuales puedes hacer carrera en el área que tu quieras sin tener ninguna necesidad de moverte a la capital. Tú vas a Varsovia solo si quieres hacer carrera superior en la bolsa o en política. Países donde la descentralización se vive, no es tema. Este continente es terrible en ese sentido y si puedo aportar algo desde mi experiencia como europea es dejar de hablar.

Dejemos de perder el tiempo en llorar porque la vida es injusta y el mundo no está perfectamente equilibrado. Yo no tengo tiempo para sentarme a llorar con otros que pueden, y con razones justificadas, sentirse que están en el lado más flaco, porque estaría profundizando su situación. Y por cambiarme de tema un segundo, no existe ninguna otra posibilidad de demostrar que las mujeres podemos hacer todo igual o mejor que los hombres, que haciéndolo. Discúlpenme las mujeres, pero haciendo marchas y reuniéndose en gremios y organizaciones no lo van a lograr. Pero siendo ministras, directoras, actrices, choferes o pilotos de aviones sí lo están demostrando. De la misma manera, yo no participo en el llanto nacional de que Santiago es Chile.

El problema está en las regiones, que quieren hacer un “festivalito”, un encuentro local, una cosa como teatro a mil pero chiquito, como para la comuna. Cuando vienes con un proyecto de alto vuelo te empiezan a cuestionar, ¿tú vienes de Antofagasta? ¿con Arte Contemporáneo? ¿y más encima para provocar resonancia? Me decían que mejor haga un tallercito para los vecinos, que el proyecto no era malo, era precioso, pero como que la ciudad no se lo merece, no se va a entender. Y eran frases literales de alcaldes, intendentes y rectores. En Chile cuando empieza a despegar un proyecto encuentras trabas muy cercanas, de la misma gente que no cree. Ahora en la última Documenta me enteré que el curador era polaco, y lo primero que hice fue conseguirme fondos con la embajada para invitarlo a SACO 7.

Para qué sirven todos los conocimientos, la creatividad, la inteligencia y todas las teorías y libros que hemos leído, si en nuestro metro cuadrado vamos a comportarnos como ratones. No tiene sentido. ¿No debería acaso ayudarte en la vida? ¿Sino para qué es? ¿Para ser esnob y escribir citas inteligentes y lucirte frente a la gente ocupando adjetivos muy sofisticados o poniendo como dijo no sé quién?

¿Cómo proyectas SACO para más adelante? 

Formalmente es un festival, en el sentido de que se realiza anualmente, siempre en la misma fecha, en la misma ciudad y con diferente programación. Ahora nace justamente Aluvión Visual de manera orgánica, porque empezaron a llegar proyectos autofinanciados y en paralelo habían espacios expositivos que carecían de fondos y de un programa curatorial. Entonces nosotros como plataforma armamos Aluvión con una coherencia absoluta de textos de mediación, textos curatoriales, gráficas, tipografías, fecha de inauguración y la mediación con museos y colegios. Siento que físicamente en Antofagasta tenemos un Museo sin Museo. Esto va a crecer y el próximo año serán por lo menos 7 salas, donde ya estamos saliendo a San Pedro de Atacama.

“De aquí a tres años, SACO se va a convertir en número 10, y va a ser SACO Bienal… Bienal de Chile por supuesto”.

Yo no le he robado nada a nadie. Aquí hay un vacío con un luto en la escena artística desde la trienal. Un llanto permanente de lo que Piñera nos quitó y nunca volvió. Es un gran error político lo que pasó con la trienal, pero también está la debilidad de la escena donde nadie es capaz de tomar el liderazgo y armar un proyecto así. Y nadie puede hacer Bienal en Santiago porque todos están peleados. Puedo estar equivocada, pero es mi visión de profunda provincia.

La trienal fue el 2009, y estamos en la segunda mitad del 2017 y todos están como el Rector de la Universidad Católica del Norte, que sigue diciendo que ellos tuvieron una escuela de arte pero que la cerraron el 73, ¡el 73! ¡Yo ni había nacido! ¿Cómo te puedes justificar de esa manera?

¿Por qué Bienal de Chile?

Seguirá siendo SACO, pero de alguna manera va a cumplir el sueño que queda pendiente en la escena nacional desde 2009.

Te lo pregunto porque SACO es horizontal con el territorio, más que nacional.

Me encanta esa horizontalidad, por algo trabajamos con Salta o Tucumán. El 2009 ellos vinieron y expusieron y nosotros también fuimos y estuvimos en el foro de Arte Contemporáneo y Políticas Culturales. Estuvimos exponiendo en Jujuy todo el tiempo porque no era inventado por un operador político, sino que era una necesidad real desde la base, desde la escena del altiplano para conocerse y general lazos. Cuando algo es inventado por operadores, termina de funcionar cuando se acaba hasta el último peso, pero nosotros seguimos trabajando. Hemos hecho intercambios y residencias con La Paz y ahora empezaremos con Lima. Todo el sector de Perú, Bolivia y noreste de Argentina es un sector que nos identifica profundamente. Podemos hablar del Auge Neoliberal Aymara, que tiene su capital en El Alto, concepto que en otras partes no se entiende porque tienes que saber lo que pasa en el altiplano.

Desierto de Atacama. Fotografía por Dano Mozó

¿Y esto lo incorporan a SACO?

No trabajamos como territorio en ese sentido, porque son temazos que hay que investigar muchísimo y artistas de afuera por ningún motivo podrían tocarlos. Además el territorio es gigante, y no hay casi relaciones en ese sentido entre Chile y Bolivia, porque sobre la capa que une hay una capa mucho más fuerte que separa. Yo sigo conociendo y aprendiendo, pero ese conocimiento lo manejan muy pocos, como por ejemplo Damir Galaz-Mandakovic, historiador joven de Tocopilla que acaba de hacer un doctorado sobre la historia del Altiplano en Francia. Y son temas que pueden ser políticamente incómodos de desarrollar, porque te encuentras historias como por ejemplo del blanqueamiento de la raza de parte de los chilenos después de la Guerra del Pacífico, que creo que es mucho más vergonzosa y compleja de reconocer que la misma guerra. Por eso yo creo que Damir no va a recibir un premio de historiador ni ahora ni en 20 años más, porque tendría que llegar un gobierno de verdad de culto como para entender por qué el tipo es tan crítico frente al gobierno de Chile de hace 150 años, hace 80 años y hoy en día.

Nuestro territorio termina por Vallenar, lo que se entiende como la tierra grande, el desierto, y llega a Perú, y Oruro, y a Uyuni donde están las fronteras, que en Argentina va bajando por la cordillera y llega casi a la selva. Acá no hay conexiones, y por lo mismo es donde tiene todo el sentido hacerlas, pero no es para trabajarlo en SACO.

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