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Perspectives

La depresión al filo de un cuchillo: La primera vez de Shirley Manson

Shirley Manson. Fotografía: Joseph Cultice/RedBull
Words Mirangie Alayon

Hablar de lo absolutamente mierda que se ha vuelto nuestra salud mental en los últimos años parece ser un tema de conversación constante: hay estudios, investigaciones, lo vemos en nuestra propia ciudad y le buscamos explicación. Pero sobre todo, tomamos un respiro profundo cuando recibimos, una y otra y otra vez más la noticia de que algún músico o celebridad que apreciamos y conocemos ha decidido quitarse la vida.

Entonces comienzan los mensajes de apoyo en redes sociales, esos que nos dicen que solo hay que buscar ayuda, que todo el mundo está ahí para apoyarnos, que si thoughts and prayers, que qué lamentable todo, y algunos números de sitios que ofrecen ayuda en casos de emergencia. Y el ciclo continúa una y otra vez. Si bien es cierto que la depresión y la ansiedad son los greatest hits de las enfermedades mentales, también lo es el hecho de que no son las únicas, y que decenas de otras aflicciones desde el transtorno bipolar hasta la esquizofrenia suelen ser más incómodas para el público en general y menos visibilizadas.

Pero lo positivo de que cada vez se hable más de problemas como la depresión y la ansiedad, es que parece que cada vez hay más personas famosas que hablan de ello. Hace pocos días Demi Lovato confesó su recaída en la adicción en una nueva canción; el actor Ryan Reynolds ha hablado de su lucha con la depresión; la ganadora del Oscar Emma Stone ha sido abierta sobre sus ataques de pánico, y la misma Cara Delevingne ha relatado sus episodios de autolesión.

Sin embargo, a veces hace falta identificarnos con historias poderosas y crudas de superación y de lucha, y esta semana, Shirley Manson de Garbage decidió escribir un artículo en el diario The New York Times en donde hablaba de su primera vez. Pero no la que muchos de ustedes están pensando, sino la historia en la que decidió autolesionarse por primera vez cuando era una adolescente.

En el texto, Shirley habla de cómo mantenía una relación tóxica con un hombre maltratador, sexista, misógino y que ni siquiera usaba preservativos cuando tenían sexo, porque “él no iba a salir embarazado”. Relata como a pesar de que sabía que estaba con alguien que no le convenía y que no ocultaba serle infiel continuamente, continuaba con él en una especie de círculo vicioso, el mismo que experimenten muchas víctimas de abuso emocional.

“Fue en este período que me convertí en una ferviente seguidora de la banda local de Edimburgo Finitribe, cuyos miembros a menudo usaban el símbolo de un pez para identificarse a sí mismos y a sus admiradores. Até una pequeña navaja de plata con forma de pez a los cordones de mis Dr. Martens. Pensé que era genial atar un cuchillo pequeño a mi zapato. La mayoría de las personas lo encontraban un poco extraño”.

Y así fue como un día, luego de una discusión violenta con su novio, decidió tomar el pequeño cuchillo y cortarse tres veces en el tobillo. La sensación no fue solo de control sobre sí misma y sobre la situación en la que estaba, sino de absoluto alivio.

“De repente sentí que era parte de algo mucho más grande que esta estúpida situación en la que me había encontrado. En mi opinión, mi vida se había vuelto más grandiosa y expansiva. Me salvó. La conexión con mi pequeño pez plateado fue establecida. Tenía un enemigo. Yo tenía un cuchillo. Y el futuro era nuestro”.

Durante un tiempo, Shirley se aferró a la práctica para enfrentar su propio dolor, su depresión y su ira, descargándose consigo misma, Eventualmente dejó de hacerlo: se unió a Garbage, comenzó a cantar, a hacer giras, y a estar muy ocupada, pero el fantasma de la autolesión seguía allí. Confiesa que hace unos 20 años, cuando estaban en la gira de Version 2.0 no soportaba vivir con si síndrome de impostora, esa pequeña voz que nos dice que realmente no servimos para nada y lo que hemos logrado simplemente ha sido por suerte, y que en algún momento, alguien se va a dar cuenta.

“La angustia mental que me estaba inflingiendo era extrema y me estaba volviendo loca. En momentos histéricos y extremos, pensé que si tan solo pudiera tener un pequeño cuchillo, me daría algo de alivio y sería capaz de manejar el estrés”.

Por fortuna, superó el impulso. Pero nunca desaparece por completo, por lo que siempre se mantiene vigilante a los impulsos autodestructivos. Para ella, algunas formas de enfrentarse a esta angustia involucra además de tener gran fuerza de voluntad, rodearse de personas que la tratan bien, ser creativa, hacer cosas que la hagan feliz, y sobre todo ser amable consigo misma. “La forma en que elegimos movernos a través de este desconcertante mundo nuestro es lo que realmente importa”. Además, respirar nunca está de más. Inhalar y exhalar.

En una era en donde sentimos que el mundo se cae a pedazos, es refrescante encontrar verdades cargadas de empatía: nunca sabemos cuándo una historia pueda salvarle la vida a alguien. En su artículo, Shirley cuenta que una de sus inspiraciones es el poema The Layers de Stanley Kunitz, que suele leer cuando pierde el sentido de si misma y de quién es.

Así que cuando sientas que el mundo se cierra sobre ti, seguir el consejo de Shirley puede ser útil. “Respiro. Dejo el cuchillo donde está, y respiro de nuevo”. Como dice la misma canción de Garbage, the trick is to keep breathing.

The Layers, por Stanley Kunitz

He caminado por muchas vidas,
algunas de ellas mías,
y no soy quien era,
aunque algún principio de ser
permanece, del cual lucho
por no desviarme.
Cuando miro hacia atrás,
como me veo obligado a dar un vistazo
antes de que pueda reunir las fuerzas
para continuar mi viaje,
Veo los hitos disminuyendo
hacia el horizonte
y los fuegos lentos arrastrados
de los campamentos abandonados,
sobre los que los ángeles carroñeros
ruedan con alas pesadas.
Oh, me he hecho una tribu
fuera de mis verdaderos afectos,
¡y mi tribu está dispersa!
¿Cómo se reconciliará el corazón
con este festín de pérdidas?
En un viento ascendente
el polvo maníaco de mis amigos,
los que cayeron en el camino,
me muerde amargamente el rostro.
Sin embargo, giro, y giro
algo emocionado
con mi voluntad intacta para ir
a donde sea que necesite ir,
y cada piedra en el camino
es preciosa para mí.
En mi noche más oscura,
cuando la luna estaba cubierta
y vagué por los escombros,
una voz nublada
me dirigió:
“Vive en las capas,
no en la basura”.
Aunque me falta el arte
para descifrarlo,
sin duda el próximo capítulo
en mi libro de transformaciones
ya está escrito.
No he terminado con mis cambios.

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