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Cine / TV Perspectives

Cuando el horror es arte: Dario Argento y la aterradora belleza de “Suspiria”

Suspiria. Imagen: Produzioni Atlas
Words mor.bo

En los años 70, no todo era cocaína y música disco: el terror estaba en una década de renacimiento gracias a filmes como The Exorcist y The Omen, que fueron consideradas clásicos instantáneos, mientras que producciones como The Texas Chainsaw Massacre y Halloween marcaron un antes y un después. La década de los 70 también le dio gran popularidad al giallo italiano con cintas como Cosa avete fatto a Solange?, Profondo rosso Ecologia del delitto, que llevaron al género a nuevos niveles artísticos, pero en especial, a empujar los límites de lo tradicional.

Suspiria. Imagen: Produzioni Atlas

Suspiria. Imagen: Produzioni Atlas

Pero todo cambió en 1977 con Suspiria, la obra maestra de Dario Argento. Inspirada en Suspiria de Profundis, una recopilación de poesía y ensayos de Thomas de Quincy (a menudo considerado el padre de la literatura occidental de drogas), el libro es un viaje perturbador y fascinante, lleno de visiones y alucinaciones nacidas en las casas del opio del siglo 19. Del mismo modo, Suspiria es en partes iguales lírica, psicodélica, hermosa y terrible.

Suspiria es tan vibrante hoy como lo fue hace 40 años, consolidando a Argento como uno de los directores más visualmente creativos del mundo. Aunque ya en los 70 era considerado como un dios en el círculo italiano del terror gracias a películas como L’uccello dalle piume di cristallo y Profondo rosso, con Suspiria se adentró en lo sobrenatural, agregando otra capa terrorífica a su ya brillante carrera.

Cadáver exquisito

La historia de Suspiria comienza con Suzy Bannion (Jessica Harper), quien viaja a Alemania para asistir a una elegante academia de ballet. Llega en una noche lluviosa, y cuando ingresa a la escuela, ve a una chica gritar algo y correr hasta perderse en la noche. La seguimos hasta que llega a casa de una amiga, pero todo sucede en vano: un agresor la ataca por la ventana del piso superior y la mata.

De esta manera se establece el tono de la película con un apuñalamiento despiadado que culmina en una radiante lluvia de vidrio, cuerda y sangre; con un cadáver mutilado que se balancea desde las vigas como una muñeca de porcelana herida. Es sin duda una de las escenas de muerte más brutales y brillantemente coreografiadas de la carrera de Argento, y la primera muestra en Suspiria de una belleza horrenda que es aún más horrible por ser hermosa, y aún más hermosa por ser horrible.

Argento a menudo ha dicho que esta película es como una versión de terror de una caricatura de Disney, y de alguna manera puede apreciarse en la historia: la chica solitaria que entra a un lugar oscuro y amenazador, se encuentra con personajes extraños, enfrenta a una bruja malvada e intenta vivir feliz para siempre. Otro macabro twist de nuestra Caperucita Roja salpicada de sangre.

El color y el sonido de la muerte

Suspiria. Imagen: Produzioni Atlas

Suspiria. Imagen: Produzioni Atlas

Suspiria ayudó a solidificar a Argento como un director de cine de autor, particularmente con su uso de luces dramáticas y expresionistas (a menudo en tonos chillones de rosa, rojo y violeta), que envuelve al personaje de Suzy como una bruma encantada, y casi puede contarse como uno de los personajes de la historia. Esto combinado con encuadres lujosos pero antinaturalmente simétricos, lograban que cada escena fuese una pesadilla a todo color. Con esta técnica, el italiano tenía la libertad de transmitir la sensación de peligro a través de las sombras, el color y la sugerencia sutil.

Este punto de vista visceral, sin embargo, va más allá de lo visual: el otro elemento que hace de Suspiria una experiencia única es la opresiva y cacofónica música del soundtrack, hecho por la banda industrial Goblin. El tema principal del filme es melódico y repetitivo, pero rápidamente comienza a arder con guitarras de metal distorsionadas, percusión y sintetizadores oscuros que el mismo elenco escuchaba a todo volumen durante la filmación, pues Argento quería ponerlos al borde del pánico. Funcionó, evidentemente, y también funciona en la audiencia, que termina clavando las uñas en el objeto blando más cercano.

Pero realmente lo que hace a Suspiria una obra de  arte es la forma hábil en la que Argento puede fusionar todos estos elementos que, por sí solos, serían irritantes o perturbadores, y que en manos de otro director serían una explosión punk macabra y experimental sin pies ni cabeza. Lo terrible y lo hermoso de esta película es que no hay nada que se le compare, aunque Nicolas Winding Refn lo intente con sus neones a todo volumen. Suspiria es irrepetible, perturbadora y atractiva como el aquelarre de brujas que habita en sus entrañas.

No nos extraña que Luca Guadagnino haya decidido hacer su remake de una manera (hasta ahora) visualmente distinta: la original está tan perfectamente diseñada y todos sus elementos se unen para crear un clásico incomparable que aún se sostiene 40 años después.

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