Nadie se encuentra por casualidad en en el barrio La Savine, al norte de Marsella, Francia, que está localizado en una colina. El único acceso que existe es un camino que parece un callejón sin salida, flanqueado por pinos y vegetación, desde donde el fotógrafo francés Christophe Negrel decidió adentrarse para vivir la intensidad de un pequeño gimnasio de boxeo.

Según cuenta el fotógrafo, en el club Savinois suele reinar una atmósfera de cemento en la que resuenan los sonidos de todo el barrio, y una vez se está adentro, sólo hacen falta unos segundos para acostumbrarse a las paredes pintadas con un rojo sangre y al olor del sudor en donde los boxeadores se preparan con rapidez, sin importar si son expertos o novatos.

Los hombres que visitan el ring tienen miradas severas que inspiran sinceridad, con rostros marcados por la práctica regular del arte pugilístico. Son unos gladiadores entre esas cuatro paredes y las torres de cemento que los rodean, esperando por la señal del entrenador, al que llaman “Kaiser” por respeto.

El Kaiser mantiene el orden con una voz que intimida los decibeles. A veces suelta insultos y lenguaje crudo, pero es la única manera que conoce para mantener el orden en el ring y sus alrededores. Con su régimen, le da oportunidad al valor y al respeto entre los residentes del gimnasio de boxeo.

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

Boxe Au Coeur Du Quartier

Fotografía: Christophe Negrel

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