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Cine / TV Reviews

“Cassette: A Documentary Mixtape”: Una historia de nostalgia y hype

Cassette: A Documentary Mixtape.
Words Nicolas Narvaez

“La gente prefiere una peor calidad de sonido por nostalgia”. Así de tajante y aguda es la declaración del neerlandés Lou Ottens –conocido como el padre del casete y del que sería el verdugo de ese formato, el compact disc– durante los primeros minutos de metraje. Y es que Cassette: A Documentary Mixtape (Alemania, Países Bajos, Estados Unidos, 2016), documental del cineasta y músico norteamericano Zack Taylor que forma parte de la Selección Internacional del 14º Festival Internacional de Cine y Documental Música IN-EDIT Chile, es un despliegue de nostalgia por los recuerdos que los entrevistados –y, probablemente, también el director– tienen de sus vidas musicalizadas por el casete y todo lo que este formato representó.

La cinta comienza haciendo honor a su título, como una especie de mixtape en el que confluyen grabaciones de audios caseros, mensajes y canciones, como si fuera un prólogo de un musical en el que se presentan parte de las melodías que lo compondrán, para luego viajar al pasado, hacia la historia de la creación del casete, en el presente del hogar de Lou Ottens en los Países Bajos. Posteriormente, el documental languidece enormemente, centrándose en aspectos técnicos del casete. Taylor también cae en los vicios y clichés del género documental, como tomas de paisajes y detalles de los lugares que rodean a sus entrevistados y que realmente no aportan a su relato ni lo contextualizan, perdiendo el ritmo hacia los 20 minutos.

Junto con la historia de su creación, es relevante la recolección que se hace acerca de la importancia del casete a la hora de democratizar el acceso a la grabación y la música: no todos contaban con el presupuesto para entrar a un estudio de sonido y sacar vinilos, mientras que la grabadora portátil y la boombox permitieron que quién así lo quisiera pudiera guardar registro de sus canciones, programas, presentaciones o lo que fuera con tan sólo presionar dos botones, RECORD y PLAY. Esto resultó especialmente relevante para la escena rap y hip hop en Estados Unidos, a las que el mixtape ayudó para la grabación y difusión de su música, al igual que a bandas punk y rock independientes.

Henry Rollins en Cassette: A Documentary Mixtape.

Henry Rollins en Cassette: A Documentary Mixtape.

Ahora bien, el director no se queda atrás en la representación de las distintas perspectivas y visiones que se tiene acerca del casete, aun cuando tiende a ceñirse hacia la nostalgia y el cariño por este formato. En esta dirección aparecen músicos, coleccionistas, dueños de tiendas de música y los fabricantes actuales de casetes, quienes reconocen que se trata de una industria que se mantiene a pulso a tal punto que ya no existe quién repare sus máquinas o reemplace piezas en caso de desperfectos y que han debido ellos mismos aprendido a hacerlo.

En tanto, el coleccionismo deviene hacia un hype que comenzó en la escena under hace algunos años, lo que ha llevado incluso hasta la creación del Cassette Store Day en Estados Unidos, una copia a mucho menor escala del Record Store Day dedicado al vinilo que se realiza en el mundo anglo. Durante los créditos, uno de los entrevistados hace una rogativa en broma al cantante pop Justin Timberlake, diciendo que si un artista de su talla lanzara su nuevo álbum sólo en casete, esto significaría la resurrección total del formato. Esto no estuvo tan lejos de la realidad, considerando que hoy por hoy bandas indie chilenas tienen lanzamientos en casete, e incluso un ícono pop, como la australiana Kylie Minogue, también ha editado su más reciente álbum en casete… en edición limitada, como un objeto de colección, lejos de lo que podríamos llamar un boom o un regreso en gloria y majestad de este formato.

Y es que el casete ya no es sólo un formato barato y de fácil acceso, también es una joya de colección aun cuando no cuenta ni con el sonido orgánico del acetato ni con la asepsia y fidelidad del compact disc. Una especie de bastardo segundón a ambos tipos de discos que hoy parece un anacronismo, como los tocadiscos con tableros digitales que vemos a diario en Instagram parecen hoy salidos de una imaginería steampunk. Uno de los entrevistados cuenta una anécdota: durante un viaje en tren por la ciudad de Nueva York, al tratar de cambiar el lado del casete que escuchaba en su walkman, la cinta se deslizó de sus manos, cayendo al suelo en el centro del vagón ante la mirada atónita de los demás pasajeros.

Tanto casete como vinilo y CD, hoy convertidos ya en fetiches, también representan, enfrentados al actual mundo del streaming, el último vestigio físico de la humanidad encontrándose con la música, algo que es mencionado por uno de los entrevistados de manera casi arqueológica y apocalíptica. Hacia los últimos minutos del documental, que fue financiado a través de una petición en el sitio Kickstarter, Taylor vuelve al mixtape del comienzo, con un emocionante compendio de testimonios y grabaciones, pasando el foco desde la música hacia los usos cotidianos de las cintas, desde hacer un compilado de canciones para alguien especial hasta grabar a la familia o enviar suertes de “audiocartas” (al más puro estilo de Felicity), creando uno de los puntos altos del film. El mundo actual digital y del streaming ya no permite las cintas caseras familiares o con amigos, sólo stories de redes sociales tan fugaces que desaparecen en menos de 24 horas, esfumándose sin dejar mayor rastro ni menos una presencia física que asegure su permanencia, tanto de la grabación como la de quienes aparecen en ella aún más allá del tiempo, la distancia o la muerte.

Mientras las modas tienden a traer de vuelta (casi) todo lo que ya pasó su ciclo de novedad y posterior decadencia y vergüenza –que recuperó al vinilo y nos tiene tomando fotografías con aplicaciones que hacen que se vean como si hubieran sido tomadas por cámaras que hace más de 30 años quedaron obsoletas–, pareciera que el único que no vive la nostalgia es el mismo creador del casete. “Estoy más interesado en el futuro que en el pasado”, afirma Ottens, extrabajador de Philips, rodeado de radiograbadoras y antiguos reproductores que hoy parecen piezas de museo. No obstante, Ottens aún conservaba los mecanos con los que jugaba de niño, los que toma y mira emocionado mientras de fondo suena el casete más antiguo que él conserva, el que por errores de fabricación de la época sólo puedo escucharse al revés, dando cierre al documental.

Cassette: A Documentary Mixtape es una cinta correcta y pulcra, a ratos dinámica, llena de humanidad y de algo de sentido de la realidad: los entrevistados se saben especímenes escasos al trabajar fabricando, produciendo, vendiendo o coleccionando casetes, casi optimistas por un futuro que, si bien nunca volverá a ser esplendoroso, al menos permitirá la supervivencia del formato, el que pasó del segundo lugar hacia la ignominia tras el auge del compact disc, la creación del mp3, el nuevo modelo del streaming y el nostálgico regreso del vinilo.

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