Para nadie es un secreto que el mundo hoy en día es una mierda por donde se mire: ser nazi se ha normalizado, buena parte de la población vive en constante conflicto o buscando en dónde vivir gracias a enfrentamientos o situaciones imposibles de sobre vivir en sus países; la economía está en descenso globalmente y vivimos deprimidos, todo esto sin hablar del hecho de que Corea del Norte y los Estados Unidos parecen estar provocándose a cada momento con presionar el botón rojo atómico a través de Twitter.

Y las drogas más populares de hoy en día buscan justamente calmar esa ansiedad existencia: si en los 60 los hippies buscaban volarse la cabeza con peyote y ácido, hoy en día necesitamos algo reconfortante, una chill pill que le baje el volumen a la ansiedad. Y muchos han encontrado ese oasis de calma en su neuroquímica con las benzodiazepinas (como Valium y Xanax),  medicamentos que se usan con mayor frecuencia para personas con trastornos de ansiedad, pero que han probado ser increíblemente adictivos.

Las benzodiazepinas causan sedación al disminuir la actividad nerviosa en el sistema nervioso central y los mensajes que viajan entre el cerebro y el cuerpo. Por lo general se recetan para controlar los ataques de pánico, la preocupación o el miedo excesivos y otros signos de estrés y ansiedad, así como para ayudar con el sueño. Aunque buena parte de los usuarios tienen la necesidad real del medicamento, una inmensa mayoría usa las benzodiazepinas de manera recreacional, o como un sustituto directo de la terapia cognitiva que puede dar un profesional médico como un psiquiatra.

Sin embargo, gracias a su peligrosidad y alta probabilidad de provocar dependencia, no se recomienda el consumo prolongado de los Xannies que muchos consumen como caramelos: de acuerdo con un reporte de la Universidad San Sebastián, en Chile se venden anualmente al menos 4 millones de cajas de benzodiazepinas, sin contar las que son adquiridas a través de la dark web o de manera ilegal. Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, Chile es la cuarta nación en Sudamérica con mayor consumo per cápita, por debajo de Venezuela, Uruguay y Argentina.

Así que antes de que te entregues a la narcosis y al olvido, vamos a darte un resumen de que sucede cuando tomas este medicamento, y que quizás haga reevaluar tus elecciones. Al fin y al cabo, una buena playlist de Lana Del Rey podría ser lo que necesites en vez de Valium.

1. El high se desvanecerá en 4 horas… pero no lo recordarás

Aunque los efectos de medicamentos como Xanax se sienten casi de manera inmediata, pueden durar de tres a cuatro horas. Y es bastante probable que vayas a querer repetir el efecto nuevamente: es inevitable, pues se siente tan bien que vas a querer vivir con Lucy en el cielo y los diamantes. Es casi siempre inevitable. El único problema es que el uso continuado de la droga puede causar problemas cognitivos, en especial si se usa durante meses o años, haciendo que tengas lagunas que pueden generar que se facilite el desarrollo de enfermedades como la demencia y el Alzheimer antes de lo que piensas.

2. Podrías estar tomando (sin saberlo) una mezcla con Fentanil

Cuando adquieres benzodiazepinas ilegalmente, lo más probable es que tu dealer no te esté dando las pastillas del blister de Xanax, sino una mezcla “sucia” con otras sustancias como el Fentanil (un narcótico con efectos similares a la heroína), responsable directo de las muertes de músicos como Prince y Tom Petty, sin hablar del rapero Lil Peep, quien tenía en su organismo una alta dosis de Xanax con Fentanil a la hora de su fallecimiento. Los efectos son una sedación tan profunda, que los órganos del cuerpo comienzan a dejar de funcionar.

3. Los efectos secundarios son una mierda

Como ves, hay bastantes riesgos y daños asociados con el consumo de benzodiazepinas: además del peligro de desarrollar una dependencia que puede ocurrir rápidamente y ser difícil de tratar, otros efectos secundarios incluyen somnolencia, depresión, dolores de cabeza, cansancio, dificultad para dormir, irritabilidad, cambios de personalidad, problemas cognitivos, paranoia, disminución del deseo sexual y problemas de fertilidad. Ufff.

4. No puedes hacer cócteles con Xannies

Bueno, la verdad es que puedes hacer lo que quieras… pero no te lo recomendamos. Verás, mezclar benzodiazepinas con alcohol y otras drogas puede llevarte a toda velocidad a una sobredosis fatal: en los Estados Unidos, por ejemplo, casi el 30% de las sobredosis fatales de opioides (como la codeína) involucran a las benzodiazepinas. Ya que el Xanax y el alcohol potencian los efectos del neurotransmisor inhibitorio conocido como ácido gamma-aminobutírico o GABA, el aumento de la actividad de GABA conduce a la inhibición generalizada de varios procesos neuronales y produce sedación: cuando se combinan, puede producirse una sedación excesiva y provocar el cierre total de algunas funciones vitales.

5. Puedes terminar como un zombie

Lo de las propiedades adictivas de las benzodiazepinas no es un mito: mientras más las consumas, será más probable que te vuelvas psicológica y físicamente adicto a la medicación. Si no lo tomas, puede desarrollar síntomas graves de abstinencia a lo Trainspotting. Te sentirás inquieto, te volverás irritable, te pondrás nervioso y no podrás dormir. Puedes comenzar a tener problemas gástricos, sentirte sudoroso. Pero lo peor es que comenzarás a perder todos los efectos positivos del medicamento, y ya que tiene una vida media corta en el organismo, vas a aumentar la dosis y tomarla con más frecuencia.

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