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Art

Así fue como 500 adolescentes ayudaron a Keith Haring a pintar uno de sus murales más épicos

Keith Haring junto a los estudiantes que formaron parte del proyecto. Fotografía: Tseng Kwong
Words mor.bo

Aunque el legendario artista visual Keith Haring es más conocido por sus trabajos en solitario (después de todo, se hizo famoso por sus curiosos dibujos en el metro de Nueva York) que lo llevaron desde su estudio en SoHo hasta baños de centros LGBT de la Gran Manzana, no muchas personas saben que para sus proyectos más grandes solía pedir apoyo.

Pero no la de sus colegas o de otros artistas reconocidos, sino de numerosos estudiantes de secundaria adolescentes, que lo ayudaban a desmitificar la imagen del artista y los impulsaba a darle importancia al arte en sus vidas mientras hacían importantes cambios en sus comunidades.

En 1986, por ejemplo, unió fuerzas con 1.000 chicos neoyorquinos para crear una pancarta de 10 pisos de alto que representaba la Estatua de la Libertad; en 1987, con un grupo de adolescentes cubrió una pared de un vecindario de bajos recursos en Philadelphia; y en 1989, meses antes de su muerte causada por el SIDA, Haring viajó a Chicago y reclutó el talento de 500 estudiantes de diversas escuelas públicas para crear un mural gigante de 150 metros en el centro de la ciudad, y que todavía está en pie.

Keith Haring durante la realización del proyecto en 1989. Fotografía: Irving Zucker.

Keith Haring durante la realización del proyecto en 1989. Fotografía: Irving Zucker.

Keith Haring pintando los bordes del mural. Fotografía: Irving Zucker

Keith Haring pintando los bordes del mural. Fotografía: Irving Zucker

La idea nació de una colaboración entre Haring y el profesor Irving Zucker, quien buscaba darle relevancia a las artes en Chicago en la década de los 80. Luego de conocerse en Nueva York, decidieron planear un mural masivo que fue financiado por el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, quienes también se aseguraron de que estudiantes de 63 escuelas secundarias formaran parte del montaje.

Haring hizo los bordes de sus famosas figuras que llenaban los 150 metros del proyecto, y terminó dándole pinturas y brochas a los 500 adolescentes, quienes rellenaron las figuras con sus colores favoritos luego de instrucciones básicas, que Haring les dio mientras les hacía souvenirs únicos: t-shirts y gorras de béisbol pintadas por él.

Parte del mural finalizado. Fotografía: Marcelino Y. Fahd/Chicago Cultural Counsel

Parte del mural finalizado. Fotografía: Marcelino Y. Fahd/Chicago Cultural Counsel

Los estudiantes pintando el mural en 1989. Fotografía: Irving Zucker.

Los estudiantes pintando el mural en 1989. Fotografía: Irving Zucker.

Todos los estudiantes fueron libres para pintar con las técnicas que quisieran, y el mismo Haring comentó en su diario que había sido una de las experiencias más satisfactorias que había tenido como artista:

“Independientemente de lo que yo sea, estoy seguro de que, al menos, he sido un buen compañero para muchos chicos y espero que esta experiencia haya tocado sus vidas de una manera que dure a través del tiempo. Amé que usaran todas las técnicas de pintura que pudiera imaginarme, todos estos adolescentes fueron una mezcla increíble de orígenes culturales y étnicos”.

Con este mural, Haring impulsó no solo su creatividad, sino a dar lo mejor de sí mismo y expresarse libremente junto a un artista de renombre, dándoles herramientas, inspiración y empoderamiento para poder convertirse en artistas en un futuro, quitándole esa máscara académica inalcanzable que muchas veces rodea al arte.

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