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Film / TV Perspectives

Así es como “Sorry To Bother You” y “BlacKkKlansman” se enfrentan al racismo a través del teléfono

"Sorry To Bother You" y "BlacKkKlansman". Fotografía: Annapurna Pictures/Focus Features
Words mor.bo

Si has estado prestando atención, sabes que dos de las películas independientes más sonadas de este año son el debut como director de Boots Riley, Sorry To Bother You, y el regreso triunfal de Spike Lee a la pantalla grande, BlacKkKlansman. Ambas fueron recibidas con furor por los asistentes de Sundance, SXSW y Cannes, y la crítica ha estado de acuerdo en que son dos filmes absolutamente necesarios para el clima político y social del 2018.

Ambas tienen en común a protagonistas afroamericanos, y bajo dos puntos de vistas distintos, se enfrentan al tema del racismo de manera brillante, utilizando un recurso increíblemente curioso: la “voz blanca”. Esa voz que suena formal, lánguida y poco amenazadora a quien la escucha del otro lado de una llamada; esa que le hace pensar al interlocutor que se habla con un tipo de clase media con 2.5 hijos, un perro y una esposa. El sueño WASP norteamericano.

Esa misma voz blanca jamás sonaría “étnica”; no usaría palabras que generalmente se asocian a la cultura afroamericana; no usaría slang; no sonaría como la letra de una canción de trap, de hip hop o de rap. Sería la versión más vainilla del lenguaje diario y cotidiano. De esta manera, los personajes interpretados por Lakeith Stanfield y John David Washington se hacen pasar por hombres blancos, un ingrediente clave en la trama de ambos filmes.

En Sorry To Bother YouLakeith Stanfield interpreta a Cassius Green, un hombre que consigue trabajo en un call center de telemercadeo, y que descubre tener el secreto del éxito: sonar como un tipo blanco por teléfono, garantizándole un récord de ventas, ser considerado el empleado estrella, y la recepción de una cantidad de privilegios que vienen con su voz enmascarada. En el filme, Cassius va perdiendo su identidad como hombre negro al sentirse identificado con esa otra personalidad que le permite parecer menos amenazador a todos quienes le rodean.

En BlacKkKlansmanJohn David Washington hace el papel del oficial de policía encubierto Ron Stallworth, quien participa en una operación para infiltrar y exponer los crímenes de la sucursal local del Klu Klux Klan, conversando telefónicamente con su líder, David Duke, y haciéndose pasar como el hijo de perra más blanco y racista que se pueden imaginar. En este caso, Stallworth no enmascara su voz, pero de igual manera termina engañando a una de las figuras de la supremacía blanca más destacadas de las últimas décadas.

En ambos casos, el teléfono sirve como una manera de ocultar su verdadera identidad para lograr el mismo fin: denunciar el racismo inherente de quien lo escucha, pues asumen que una persona negra no tendría el mismo poder de seducción como vendedor, o la capacidad de engañar a alguien que considera que ser de la raza aria implica una superioridad inferida en todos los sentidos, incluyendo el intelectual.

Aunque ambos resultan siendo peculiares héroes de sus historias fílmicas, nos queda sin embargo la sensación de que ambos debieron sacrificar parte vital de su identidad, de su cultura, de su personalidad y de su origen para complacer a un desconocido al otro lado del teléfono, lo que demuestra que aún en nuestra sociedad aparentemente progresiva y avanzada del siglo 21 aún juzgamos y discriminamos la voz de alguien que nos contesta al otro lado del teléfono aunque no podamos verlos. ¿Cuántas veces no lo hemos hecho de manera rápida y silenciosa en nuestra cabeza, a segundos de atender cualquier llamada en el trabajo o en nuestra casa cuando no conocemos a la otra persona?

Aún queda mucho por avanzar, es cierto. Pero al menos la próxima vez que atendamos el teléfono, tal vez pensemos en la manera en que nuestras ideas por defecto tienden a discriminar y qué lección personal podemos aprender de nosotros mismos en ese momento.

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