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Music Perspectives

Así es como el latin pop, el hip hop, el afrowave y el k-pop demuestran que el futuro de la música no tiene etiquetas

Cardi B/Rosalía/BTS/J Balvin/Luis Fonsi/Stefflon Don/Kali Mutsa. Imagen: mor.bo
Words Mirangie Alayon

Esta semana por vez primera en la historia del k-pop, una de sus agrupaciones llega a colarse en la cartelera musical más importante del mundo, la Billboard, en el primer puesto de ventas. La hazaña la hizo el increíblemente popular grupo BTS, quienes además debutaron en los Billboard Music Awards hace un par de semanas y en el 2017 se convirieron en uno de los actor musicales más populares alrededor del mundo en redes sociales: tan solo en Twitter, sus mensajes fueron retuiteados al menos medio billón de veces, sin hablar de hashtags o menciones. Esto es más que de lo que Justin Bieber o el mismo Trump quisieran lograr.

Lo notable del fenómeno de BTS es que no es exclusivamente coreano, pues en los últimos años, géneros como el k-pop han logrado introducirse efectivamente a la cultura occidental gracias a fanáticos de este lado del planeta quienes gracias a Internet y las redes sociales han logrado que el género se haya convertido en uno de los de mayor crecimiento en la música pop.

De hecho, el k-pop y el j-pop han apostado por acercarse cada día más a ese melánge urbano que hoy en día representa el pop, entre el hip hop, el rap, el R&B alternativo, la electrónica y hasta el trap, haciendo que artistas como Jay Park hasta terminen firmados en prestigiosas disqueras como Roc Nation, de JAY Z. Sin embargo, este no es un fenómeno exclusivamente del k-pop: aún no se nos ha olvidado el impacto global que el latin pop tuvo el año pasado con Despacito, que casi lleva a Luis Fonsi y Daddy Yankee al punto de llevarse el Grammy norteamericano.

Aunque muchos pensaron que esa explosión latina había sido algo trendy y efímero, las secuelas de ese éxito se están sintiendo este año: esta misma semana la queen del rap actual, Cardi B, estrenó una fiesta made in Miami en su video I Like It con un sampleo de salsa clásica y la compañía del puertorriqueño Bad Bunny y el colombiano J Balvin, quien en los últimos años se ha convertido en el colaborador preferido de artistas como Beyoncé (quien se lo llevó a cantar Mi Gente con ella en su legendario set de Coachella) y la española Rosalía, a quien invitó a participar en su más reciente disco, Vibras.

Sin etiquetas y sin fronteras

Rosalía es justamente una de esas artistas jóvenes que van a dar de qué hablar este año por saber combinar historia y modernidad: el día de ayer estrenó Malamente, el primer single de su nuevo álbum, y uno que promete causar tanta controversia como orgasmos auditivos: jugando con la iconografía más tradicional de su país, con toros, nazarenos y la belleza del canto flamenco, esta barcelonesa de 25 años le dio un giro a su herencia para llevarla al siglo 21 ayudada por el productor Pablo Díaz-Reixa, mejor conocido como El Güincho, y quien tiene en su paleta rítmica sonidos como el afrobeat, el dub, la tropicália y hasta el rock and roll, y que ha hecho de la española una Rihanna con sabor andaluz.

Definir Malamente con una etiqueta es quedarse cortos ante la rebeldía del paisaje sonoro que nos presenta, y que es una muestra de este fenómeno global que estamos experimentando todos los días. Los mayores representantes de esa idea son el trío de productores Major Lazer, quien desde hace un buen tiempo han descubierto que la fórmula de un banger exitoso es combinar sonidos locales con una base electrónica poderosa: ya sea dancehall, reggae, reggaetón, New Orleans bounce, Miami bass, electro o house, saben como inyectarle una dosis de MDMA a sus singles para atraer una audiencia en países como Cuba, Bangladesh, Nepal, China o Nueva Zelanda. Así lo define Diplo:

“La cultura está destinada a ser fusionada. Así es como se mueve la cultura. Cuando fuimos a Pakistán… fue un espectáculo demente. Por razones de seguridad, el lugar no pudo ser anunciado hasta el día antes del concierto, y fue uno de los shows más hermosos que he hecho. Los chicos lloraban en la primera fila”.

Incluso el norteamericano Leon Bridges, a quien entrevistamos hace pocos días con motivo de su primera visita a Chile, sabe que el secreto de crear esa combinación única de géneros que lo define, es atreverse a ser diferente con referencias old school que nunca van a pasar de moda, como el soul de Sam Cooke, o el R&B de The Isley Brothers o Jodeci.

Afroswing, misticismo y neo-perreo

Uno de los lugares en donde esa fusión de géneros está creciendo más cada día es en la capital británica, que si bien recordamos fue el campo de cultivo para bandas de finales de los 70 y de la década de los 80 como The Clash, 2 Tone, The Police e incluso UB-40, quienes incorporaron géneros como el reggae, el dub, el rock steady y el ska en sus discos. Ahora, tres décadas después, los sonidos afrolatinos vuelven a formar parte de la comunidad underground gracias a una nueva ola afrolatina.

Las estrellas emergentes en el hip hop británico están buscando traspasar límites y experimentar más allá del rap o el grime tradicional: la herencia de la diáspora caribeña y africana se siente cada vez más en el sonido de artistas como Not3s, Yxng Bane, Naira Marley, Eo, Ram, Mabel, Stefflon Don o Kojo Funds, que tiene la esencia de una melodía africana en la melodía, la mezcla rítmica del R&B y el dancehall. No tiene un nombre específico (algunos le dicen afrobashment, afrowave o afroswing), pero en los beats se siente la música jamaiquina y el calypso con el hip hop y el rap tradicional. Todo esto, junto con melodías y percusiones africanas y los metales latinos. da una exótica e irresistible mezcla.

En Latinoamérica, esa mezcla irreverente también tiene sus representantes en las cadencias de los colombianos de Bomba Estéreo, la irreverencia del Mexican Institute of Sound y en las creaciones místicas bañadas de peyote y kitsch de Kali Mutsa o los beats andinos neo-perreo de Cholita Sound. Cualquiera que sea tu género preferido, prepárate para expandir tu mente de ahora en adelante: llegó una era musical en la que definir géneros va a dejar de ser algo necesario para que podamos entregarnos el cuerpo y alma a la libertad de la experimentación. Dale play y enciende un porro, que esto apenas empieza.

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