Hace apenas una semana, un grupo de anarquistas atacaron violentamente varias iglesias de la capital con bombas incendiarias, protestando por la visita oficial realizada esta semana por el Papa Francisco, prometiendo encenderle la sotana en llamas.

Esto quizás fue el primer indicador de no todo el mundo pensaba recibirlo con los brazos abiertos en un continente tradicionalmente católico y en el que se acostumbra a tratar las visitas papales como un honor. Pero el caso de Chile es particular: a principios de este mismo año, un encuesta de opinión hecha por Latinbarómetro develó que es el país que tiene la peor valoración de Jorge Bergoglio y la menor confianza en la Iglesia de toda Latinoamérica. Junto a Uruguay, son los únicos países que lo califican con menos de 6 puntos.

Iquique fue la ciudad en donde quizás todo esto se vio más concretamente, pues según imágenes aéreas tomadas del lugar, de las 350.000 personas que se esperaban, los asistentes fueron apenas unos 100.000, demostrando que el fervor de los chilenos hacia el Papa Francisco está en niveles realmente pobres.

Vista aérea de la misa del Papa Francisco en Iquique. Fotografía: Carabineros

Vista aérea de la misa del Papa Francisco en Iquique. Fotografía: Carabineros

Y si bien es cierto que a su llegada el Papa Francisco pidió perdón por los abusos sexuales realizados a menores de edad por sacerdotes en Chile, manifestando su “dolor” y “vergüenza” por el “daño irreparable” causado a los numerosos niños que terminaron siendo víctimas de curas pederastas (incluso pidió tomar las medidas para que estos hechos no se repitan aunque nunca dijo que comenzaría a excomulgar violadores), sus palabras fueron sólo eso: palabras.

Juan Barros, señalado como el mayor encubridor del muy sonado caso del cura Fernando Karadima, el máximo exponente de los abusos cometidos por miembros del clero (y expulsado en 2010 por la Iglesia) fue designado como obispo de Osorno en 2015, y además, estuvo presente entre los VIP de la Iglesia Católica mientras se celebraba la misa. Curioso, ¿no?

Claro está, las reacciones no se hicieron esperar. Víctor Pacheco, una de las víctimas del caso, escribió en Twitter sobre la hipocresía de la “disculpa” del Papa, al igual que la ex primera dama Marta Larraechea.

Una amarga despedida para fieles decepcionados

Luego de su paso por Colombia el pasado mes de septiembre en donde respaldó el proceso de paz de los últimos años, la idea de reconciliación católica por Latinoamérica sonaba bastante bien, pero en un año 2018 en donde los temas de reivindicación social son más importantes que el fervor religioso, no es de extrañar que la visita a Chile haya terminado siendo un flop para el Vaticano.

¿Es Chile el país menos católico de Latinoamérica? Es bastante probable; pero también comprensible (más allá de la encuesta que mencionamos al princioio) debido a una multitud de factores: en los últimos años ha habido un repunte de fieles de la iglesia evangélica; la población joven tiende a ser agnóstica o atea; es inaceptable que una institución religiosa siga con un pensamiento medieval acerca de los métodos anticonceptivos, la homosexualidad y el papel de las mujeres; y cada vez más, se hace evidente el daño que hizo la Iglesia a los pueblos indígenas durante la conquista.

Además, ayer antes de comenzar la misa en Iquique, uno de los periodistas lo increpó acerca de la presencia del obispo Juan Barros en su séquito, a lo que el Papa Francisco dio una respuesta contundente:

“El día que me traigan una prueba sobre el obispo Barros, voy a hablar. No hay una sola prueba en su contra, todo es una calumnia”.

Quienes pensaban que una figura como el Papa iba a romper con el statu quo, están muy equivocados. Lamentablemente, el progreso no vendrá de una institución religiosa que se niega a aceptar que las cosas cambian cada vez más de manera vertiginosa, y una en la que iniciativas como #MeToo contra el abuso sexual nunca tendrá impacto cuando sus “soluciones” son enviar a los sacerdotes implicados a otro lugar del mundo a donde no los conozcan a que sigan violando niños.

Aunque los máximos respresentantes católicos en el mundo cambien de rostro y de nombre, seguirán defendiendo a capa y espada los principios inamovibles de una religión anclada en el pasado. Y sí, puede que el Papa Francisco parezca progresivo, cool y hasta woke, pero recordemos una verdad como un templo: no hay nada como una buena campaña de marketing y relaciones públicas en redes sociales.

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