Para cualquier persona que se considere un verdadero fanático de Jean-Michel Basquiat, parte de la leyenda del artista callejero es saber que SAMO© fue la etiqueta de graffiti y el movimiento artístico que Basquiat comenzó a mediados de los años 70… pero no todo el mundo sabe que durante esa era, no estaba solo: el amigo y colaborador de Basquiat, Al Díaz, es considerado uno de los cofundadores del movimiento, y este artista de graffiti de los pasillos del metro de Nueva York está de regreso.

Díaz, de origen puertorriqueño, había estado marcando las calles de La Gran Manzana desde que tenía 12 años bajo el apodo de Bomb-One, pero después de un tiempo, el hobby le pareció vacío. Hasta que conoció a Jean-Michel Basquiat cuando ambos tenían 16 años, y ambos decidieron hacer algo que tuviese más significado que pintas al azar.

Jean-Michel Basquiat y Al Díaz. Fotografía: Al Díaz/Archivo

Jean-Michel Basquiat y Al Díaz. Fotografía: Al Díaz/Archivo

Fue así como comenzaron a rociar las paredes de NYC bajo el nombre de SAMO©, dejando poesía, frustración y sátira en líneas que imitaban slogans publicitarios, y uno de los más famosos rezaba así:

“SAMO © como fin de la religión, de políticas que llevan a ninguna parte y de filosofías falsas”.

El resto, como dicen, es una historia manchada de tinta, jazz y heroína.

El abismo de la adicción

Sin embargo, como suele pasar con famosas parejas en el mundo del arte, estas eventualmente deben disolverse por diferencias creativas: Basquiat quería convertirse en un artista famoso y de renombre, mientras que Díaz quería enfocarse en ser músico, tocar algo de jazz y construir instrumentos musicales. No quería formar parte de la escena artística que era el objetivo final de Basquiat, quien sacrificó algunos de sus principios para llegar a codearse con artistas como Andy Warhol.

“Me sentía supremamente icómodo en ese mundo. El mundo del arte era este lugar elitista, blanco, masculino y educado al que no pertenecía. No quería probarle nada a nadie”.

Como consecuencia de la ruptura artística con Basquiat, Díaz comenzó a consumir más drogas, y al igual que su ex compañero, terminó convirtiéndose en un adicto sin control. Fue varias veces a rehabilitación, pero por alguna razón siempre terminaba cayendo nuevamente en el mortal encanto de la heroína, en especial después de la muerte de Basquiat.

No fue sino hasta el año 2010, cuando se vio a sí mismo el documental Radiant Child que se dio cuenta de que debía cambiar su vida.

“Me impactó ver que lucía tan mal y que estaba en esta película y que era una figura importante en todo esto. me movió porque quizás un mes después, en el 2011, por fin me desintoxiqué y he estado limpio desde entonces”.

El renacimiento

Al Díaz pintando los pasillos del metro de NYC. Fotografía: Andrew White

Al Díaz pintando los pasillos del metro de NYC. Fotografía: Andrew White

Fresco de su rehabilitación en Puerto Rico, Díaz estaba lleno de ímpetu artístico: comenzó a recopilar avisos de “pintura fresca” que encontraba en el metro de NYC para recortar las letras y reorganizarlas en mensajes intensos que dejaba de nuevo en las paredes del sistema subterráneo: Bomb-One estaba de vuelta, pero luego de varios años, ya los mensajes cortos no eran suficientes.

“Cuando Trump se convirtió en presidente, estaba tan decepcionado con los Estados Unidos que no podía expresarlo con un vocabulario tan limitado. Había una sensación de: ‘Dios mío, ¿es éste el estado de la humanidad?’ Se sintió como que era el momento de traer de vuelta a SAMO©”.

Ahora, más maduro, sobrio, y más enfocado, Al Díaz está de regreso honrando el proyecto que comenzó hacemás de cuatro décadas junto a Jean-Michel Basquiat, dándole una voz de protesta, rabia y resistencia a las mismas calles que marcaba en los 70, dándole más elocuencia a sus ideas luego de haber pasado por el infierno y salido con algunas cicatrices, pero con el mismo ímpetu.

“Lo que sea que haya hecho en el pasado fue esencial para mí para poder estar donde estoy ahora. Entonces esas preguntas hipotéticas sobre si haría algo diferente ya no tiene sentido. Somos la suma de nuestras experiencias. Sólo hay que seguir adelante”.

Ya han pasado más de 30 años desde la muerte de Basquiat, pero Díaz sigue manteniendo el espíritu rebelde de SAMO© en las baldosas blancas del sistema subterráneo de Nueva York, dejando su marca, slogans de libertad para las nuevas generaciones.

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