Durante la década del 2000, en los barrios populares de Venezuela se volvieron increíblemente populares las fiestas vespertinas llamadas matinés, en donde los jóvenes de menos recursos se reunían para bailar al ritmo de la changa tuki: música electrónica raptor house con un beat constante y de bajo intenso que iba al ritmo de los ritmos del corazón. De allí venía su nombre, por su sonido cadencioso e interminable. Tuki, tuki, tuki.

En esa época también se le llamaba tuki a los jóvenes aficionados a este tipo de música, quienes solían vestirse en colores fluorescentes, gorras de baseball y el bling que podían permitirse. La idea era distinguir su subcultura, en la que las minitecas (los setups de los DJs que tocaban la changa tuki) hacían guerras en grandes espacios, cerrados o abiertos, en donde el alcohol fluía y cualquier preocupación quedaba atrás por algunas horas.

En un esfuerzo por documentar este movimiento que se hizo popular en la década pasada, el colectivo artístico venezolano El Resort publicó un documental en YouTube llamado Vamos Pal Matiné, en donde exploran el fenómeno autóctono de estas fiestas, que representaban al mismo tiempo catarsis, alegría, belleza y problemáticas de un sector socioeconómico que aún vive en plena violencia. De acuerdo con su director, Roberto López, estos matinés eran una manera de balancear la violencia de los barrios, aunque a veces no se podía escapar de las balas:

“Creo que la changa fue un reflejo perfecto de la violencia y la adrenalina de los barrios en ese momento. Es algo que puedes sentir en la música, la velocidad y la energía que se siente cuando escuchas changa hace que pierdas el control. Fue un ritmo perfecto para dejarte llevar, y creo que fue por eso que fue tan popular entre los jóvenes que iban a los matinés, pues era la única manera de que olvidaran sus problemas por un rato y pudieran ser ellos mismos con un ritmo propio”.

Veamos el documental Vamos Pal Matiné a continuación:

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