A todas nos ha pasado. En especial si te gusta la música o te declaras “fanática” de alguna banda o artista de cualquier género: tienes que justificar que eres “de verdad”, en especial delante de un hombre en cualquier conversación casual. ¿Te gusta Arctic Monkeys? Entonces demuestra que eres una crítica musical y lánzate un análisis de la evolución de la banda de media hora para que tu interlocutor crea que te gusta la música realmente y no solo le quieres plantar un beso a Alex Turner. ¿Escuchas a The Smiths? Pues haz una lista de los temas recurrentes en sus letras en un ensayo de 20 páginas a espacio sencillo o eres una poser.

La cosa se pone peor si tienes la suerte de que te guste algún artista pop. ¿Eras fan de One Direction? No sabes una mierda. Simplemente eres una bolsa de carne con tetas, cubierta de maquillaje, víctima del marketing y las hormonas que no sabe absolutamente nada de música. En más de una reseña de Justin Bieber o de Harry Styles hemos leído cómo el periodista describe el lugar como un caldo de cultivo hormonal en donde los gritos dejan sordo a cualquiera y en donde la histeria hace imposible disfrutar el show, que tampoco vale la pena, porque, ¿a quién va a gustarle la mierda pop?

A muchas y a muchos. A adolescentes que están en formación musical, a quienes se encuentran un primer ídolo a cuando su edad no llega a los dos dígitos y que encuentran en sus letras algo que los hace identificarse. Alrededor del mundo, las adolescentes son la fuerza de compra más brutal del mundo de la música. Son quienes llevan a sus artistas al número uno de las carteleras Top 40, quienes hacen campañas por redes sociales para apoyar las causas de sus favoritos, quienes elevan a la voz que nunca las ignora, se llame Lady Gaga, BTS, Dua Lipa, Troye Sivan o Camila Cabello.

Las fanáticas chilenas de la ex integrante de Fifth Harmony vivieron en carne propia la misoginia absoluta de quienes se consideran superiores no solo en sus gustos musicales, sino por tener mayor peso, estatura y un pene entre las piernas: los fanáticos de la banda británica Royal Blood. Esto fue lo que el club de fans de Camila Cabello contó en Twitter el fin de semana luego del show de la artista en el festival Lollapalooza:

Innumerables relatos cuentan como un grupo desadaptado de fans de Royal Blood (hombres en su mayoría), las insultó, las acosó sexualmente, las escupió y las golpeó, simplemente porque habían llegado temprano a ver a su artista favorita, una cantante pop, y habían ocupado los primeros puestos antes que ellos. Porque no escuchaban música de verdad. Porque eran unas tontas. Porque podían y se sentían con el derecho de atacarlas, algo que hicieron incluso comenzado el show de Camila, simplemente para joderlas.

Porque eran mujeres adolescentes y menores de edad demostrando su devoción por una artista pop. Sólo por eso.

¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar que un grupo de salvajes nos digan por la fuerza qué fans tienen más valor que otros? ¿Hasta cuándo las fans femeninas van a tener que justificar su existencia? ¿Hasta cuándo jóvenes van a tener que sentirse inseguras en los espacios en donde pensaban que podían ser ellas mismas?

La música es una parte integral de la vida de todos. Las canciones que escuchamos son parte de nuestra identidad, al igual que nuestras experiencias, nuestras relaciones, nuestras principios. Asumir que las únicas cosas que las adolescentes son capaces de tomar en cuenta en sus opiniones musicales son lo atractivo que puede ser un frontman o lo pegadizo de una melodías es francamente sexista y, francamente, un insulto a su inteligencia.

Y si estás basando tu opinión sobre la calidad de la música de alguien simplemente por la demografía de sus fans, tampoco eres una joya.

Es hora de que dejemos de tratar a las fans jóvenes y adolescentes como si sus opiniones no tuvieran valor, como si todo lo que les gustara fuera falso o superficial. Las fangirls importan y son valiosas para el mundo de la música, aunque no escuches lo mismo que ellas.

Hay que dejar de lado de una maldita vez por todas la retórica misógina y sexista acerca de las fans adolescentes: tienen tanto derecho como los demás a disfrutar de los artistas que les gustan en un espacio seguro en donde todos los gustos y las tendencias tienen cabida.

Además, ¿qué tiene de malo ser una adolescente? Ser joven, mujer y apasionada por algo es lo mejor que te puede pasar en la vida. Piensa por qué las odias tanto, y quizás te encuentres con algunas verdades incómodas. Por favor, no seas ese hijo de puta.

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