En el año 2007, Kanye West había apenas empezado a escalar la cima del hip hop. Tenía tres exitosos álbumes a cuestas: The College Droput, Late Registration y Graduation, y una legión de seguidores que crecía cada día más. Todo estaba en su lugar, todo estaba planeado. Su próximo disco iba a llamarse Good Ass Job (un título que había decidido un par de años antes), con el que iba a completar su dominio sobre el mundo del hip hop.

Pero entonces, el guión de la película de su vida se hizo pedazos frente a sus ojos: terminó con su prometida Alexis Phifer, con quien había estado en una relación de cinco años; y el 10 de noviembre, su madre Donda West fallece luego de complicaciones relacionadas con una cirugía estética. El mundo que Kanye West conocía se había hecho pedazos, y lo único que le quedaba era buscarle sentido a su música y a su carrera.

Entonces, comenzó a usar los lentes de persiana, a cuestionarse como artista y como ser humano, y su puesto en el altar de la música. Ya no quería ser reconocido como un artista de hip hop; quería de alguna manera alcanzar a figuras míticas como Jimi Hendrix, The Rolling Stones y The Beatles. Sus ideas acerca de la influencia de la moda, el diseño y la música pop se estaban transformando.

Un buen día en septiembre del 2008 decidió exorcizar sus demonios e irse a grabar en los Glenwood Studios de Burbank, California, y en el Avex Recording Studio de Honolulu, Hawaii. Acompañado de un escuadrón de productores que iban desde Jeff Bhasker hasta Mr. Hudson y colaboradores como Kid Cudi, Young Jeezy, y Lil Wayne, solo bastaron tres semanas para completar su obra maestra minimalista salpicada de autotune, y cuyos beats salieron de una drum machine Roland TR-808.

 Kanye West durante la gracación de "808s & Heartbreak". Fotografía: Angel Laws


Kanye West durante la grabación de “808s & Heartbreak”. Fotografía: Angel Laws

Así nació 808s & Heartbreak.

West, quien en ese entonces era más conocido por su egoísmo, produjo el álbum en un momento en el que el hip hop emotivo no existía en mainstream: el lenguaje del hip hop popular era, y sigue siendo, una exposición acerca del materialismo, la fanfarronería y la proyección masculinizada de invencibilidad. Pero ahora, era el momento de hacer algo diferente, abrir el corazón hasta dejarlo sin aire, como en el arte de la portada.

Las críticas fueron mixtas: mientras que medios como The New York Times, NPR o Slate decían que el disco era “pereza disfrazada de minimalismo y vulnerabilidad”, otros vieron que el álbum marcaba un antes y un después. Dave Heaton de PopMatters dijo que “la construcción de las canciones y del álbum, y la forma en que capta un sentimiento particular a través de una música inusual, evocadora y cuidadosamente elaborada, es al mismo tiempo algo simple y complejo, frío y cálido, mecánico y humano, melódico y duro”.

Kanye logró algo casi imposible de creer: demostrar una vulnerabilidad emocional pocas veces vista en el hip hop (con la excepción quizás de Tupac y Biggie Smalls) mientras al mismo tiempo era visto por el público como un tipo egocéntrico e insoportable.Con 808s, terminó proyectando una sensación de pérdida y desesperación llena de contradicciones: desde rabietas intensas en temas como Bad News hasta sorprendentes confesiones de inseguridad como Love Lockdown, es un álbum completamente humano, incluso cuando su uso de melodías en autotune o trucos de producción hacen que suene más como un robot deprimido que una persona real.

A pesar de que en ese entonces muchos se preguntaron si Kanye había perdido el norte y predijeron que el álbum iba a ser un fracaso, West en realidad logró algo singular y muy especial con 808s & Heartbreak: proyectó cada emoción sucia, mezquina, desagradable, fea y objetable que sentía sin importarle si eso lo hacía verse blando, débil, o menos masculino. Y al hacerlo, allanó el camino para nuevos tipos de experimentación en el hip hop. No solo borró las líneas del género, sino que también utilizó el autotune como una herramienta para la creación en lugar de un mero dispositivo correctivo para la voz y abrió paso para el new wave del hip hop, como él mismo lo cuenta:

“808s fue el primer álbum de ese tipo, ¿sabes? Fue el primero, como, el álbum del new wave de artistas negros. No me di cuenta de que era new wave hasta que hice Yeezus. Por eso mi conexión con Peter Saville, con Raf Simons, con la moda de alta gama, con acordes menores. ¡No había escuchado new wave! Pero soy un artista negro del new wave”.

Sin 808s & Heartbreak, quizás no habríamos escuchado álbumes como My Dear Melancholy, de The Weeknd; artistas como Drake tal vez no habrían tenido la valentía de hacer temas sensibles; y tal vez no hubiésemos escuchado temas profundamente emocionales de manos de músicos como Kid Cudi, Childish GambinoFrank Ocean, y esta ola del R&B alternativo liderado por James Blake, Blood Orange, Janelle Monáe o SZA tal vez no habría llegado al mainstream.

Cuando los fans de West hacen una lista de sus álbumes favoritos en orden de preferencia. esta suele estar en los últimos puestos. No hay bangers ni muestras de opulencia, solo electropop, art pop y R&B combinados hasta lograr un proyecto lleno de realismo, emoción y honestidad que aún hacen que el disco sea relevante incluso 10 años después. Puede que no esté lleno de hits, pero es uno de los momentos más personales de Kanye, quien aún con el corazón roto hizo que latiera el nuestro con una oda a ese amor que muere sin que podamos hacer nada para evitarlo.

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