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Desde su creación a principios de los años sesenta, el Pop Art siempre fue un club casi exclusivamente masculino, en donde nombres como el de Andy Warhol y Tom Wesselmann perpetuaron el mito del artista como genio, siempre y cuando se tratara de un hombre. Surgido en medio de las explosiones del consumismo capitalista y de los medios de comunicación después de la Segunda Guerra Mundial, los artistas por lo general tomaban una actitud distante y sin emoción hacia la creación artística.

Quizás es por ello que para las artistas femeninas que participaban en el movimiento cultivar una personalidad como “artista serio” parecía ser la única manera de tener éxito. Una de sus máximas representantes en ese entonces fue (y continúa siendo) la argentina Marta Minujín, que al igual de sus compañeros se inspiró en la cultura popular y comercial, como la publicidad, las películas de Hollywood y la música pop, pero fue evolucionando hasta hacer de su arte estructuras vivientes y happenings artísticos e interactivos que rozaban el borde entre el pop y arte conceptual.

Conozcamos un poco más sobre esta pionera del arte vanguardista argentino, y por qué continúa siendo una figura reconocida por su desenfado y su provocación, que incluso a veces a llegado a la violencia.

1. Comenzó su carrera en Francia

Marta Minujín

Imagen: Marta Minujín/Archivo

Estudió arte en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano (1953-59) y en la Escuela Superior de Bellas Artes (1960-61), ambas en Buenos Aires, para después partir en 1961 a París como parte de una delegación de participantes argentinos en la Bienal de París de ese año. Regresó un año después tras recibir una beca para estudiar pintura informal en Francia, y  (1962-63). Posteriormente, ha dividido su tiempo entre Nueva York y Buenos Aires.

2. Es un ícono de la irreverencia

Marta Minujín

Fotografía: Infobae

Como pionera de los happenings, el arte de performance, la escultura suave y el video, Minujín tuvo una  práctica variada e irreverente que demostró una profunda desconfianza hacia el objeto de arte coleccionable: muchas de sus muestras emplearon la sorpresa, la provocación e incluso la violencia; pues llegó a  destruir todas sus esculturas existentes (La Destrucción, 1963), o someter a los espectadores involuntarios a condiciones extremas (La Menesunda, 1965).

3. Mucho de su arte fue una protesta contra la dictadura

Marta Minujín

“El Partenón de Libros” de Marta Minujín (1983)

Mientras que otros artistas del Pop Art a menudo utilizaban su práctica artística como una crítica generalizada del capitalismo, la de Minujín fue una protesta contra la dictadura de su país. Además, estuvo influenciada por el entorno intelectual de los años 60 que rodeaba al Instituto Torcuato Di Tella en buenos Aires, donde el ensayista argentino Oscar Masotta dirigía discusiones diarias sobre temas que iban desde la semiótica hasta teorías psicoanalíticas.

4. Usa materiales poco comunes

Marta Minujín

Imagen: Marta Minujín/Archivo

A diferencia de sus compañeros, del Pop Art, Minujín utiliza a menudo materiales efímeros tales como cartón, tela e incluso alimentos en un trabajo que es a la vez monumental y frágil: muestra de ello son sus obras El Partenón (1983) La Torre de Babel, (2011), Agora de la Paz, (2013), y Rayuelarte (2014). Las dos primeras fueron hechas de libros, y en especial la primera fue construida con los que estaban prohibidos de la dictadura, y que la ende desmoronó para llevárselos a casa.

5. Trabajó con Andy Warhol

Imagen: Marta Minujín/Archivo

Mientras vivió en la ciudad de Nueva York a finales de los años 60, Minujín y Warhol se hicieron amigos después de conocerse en una galería de arte, y debido a sus ideologías similares, compartieron en el ambiente artístico de la época. En 1985 realizan juntos la famosa obra fotográfica en la que le paga al artista norteamericano la deuda externa argentina con mazorcas de maíz, que según sus propias palabras son “el oro latinoamericano”: “Yo agarraba el choclo (maíz), él subía, yo se lo ofrecía y él lo aceptaba. Así la deuda externa quedaba paga. Pensando que yo era la reina del pop por estos lados y él, el rey del pop por allá, tenía sentido que saldáramos la deuda. Después regalamos los choclos firmados a la gente. Esa fue la última vez que lo vi. Murió dos años después”.

6. Ha exhibido su obra en los más prestigiosos museos del mundo

Marta Minujín

Fotografía: Getty

Desde los años 60, Minujín ha llevado su arte viviente a la Bianchini Gallery de Nueva York; al Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires y a la Bienal de París. No contenta con ello, también ha presentado su trabajo en el Musée Rodin de París, y en  la Universidad de Yale, así como en Tokio. No podemos olvidar su presencia en la Bienal de Sao Paulo y hasta en el Museo Guggenheim, quienes incluso le otorgaron un premio en 1966.

7. Su vida es el arte imposible

Imagen: La Nación

Para Marta Minujín, respirar es arte. Tiene más de 50 años entregados a su obra, que podríamos decir forma ya parte de su ADN, y lo que le queda de vida, quier dedicárselo a a última frontera: el arte imposible. Así se lo reveló al diario La Nación en el 2015:

“A mí primero me pasó que era como un existencialista que se quería suicidar, y era todo negro y horrible. Cuando me hice pop empecé a gozar de vivir en arte. Es un espacio que yo me inventé, en el cual soy feliz. En cambio, en la vida cotidiana no soy tan feliz. No es una desesperación como Modigliani, Camille Claudel o Van Gogh. Esa desesperación ya la pasé, por el hecho de haber vivido en los 70, y haber sido contemporánea de los Beatles y los Rolling Stones, las minifaldas y los colores lindos. Ya soy happy y me tomo la vida como una cosa multicolor. Y quiero que todos hagan eso. No tengo miedo al ridículo o al papelón. Lo mío es el arte imposible: las Cataratas del Iguazú de Vodka, podría ser”.

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